Visualización y procrastinación

Visualización y procrastinación

Hace unos días hablaba del coste de oportunidad productivo como un concepto útil a la hora de reducir la procrastinación, o retraso sistemático de las tareas importantes que sabemos que debemos hacer. Algunos de vosotros decía en los comentarios que el concepto como tal estaba muy bien, pero que resultaba muy complicado utilizarlo en la práctica.

No nos engañemos: todos sabemos cuando estamos procrastinando –esa sensación de “debería estar haciendo alguna de las cosas importantes que tengo pendientes” es inconfundible. Nos sentimos así porque cobramos consciencia de los efectos negativos que puede traernos el no hacerlo. Nos sentimos mal con nosotros mismos, y sin embargo seguimos cayendo en la procrastinación.

Creo que el motivo por el que procrastinamos, incluso sabiendo las consecuencias negativas que puede tener para nosotros, es muy similar a la causa por la que a muchas personas les cuesta tanto trabajo abandonar malos hábitos. Está comprobado que es muy difícil eliminar un hábito negativo trabajando solo en cambiar dicho hábito. Por el contrario, necesitamos sustituir el hábito negativo por otro positivo, y enfocarnos en adquirir este último –no en abandonar el primero.

La razón por la que este mecanismo funciona es porque trabajamos mejor cuando nos enfocamos en algo agradable o deseable, que cuando tenemos la presión de que algo malo puede sucedernos si no lo hacemos.

Aprovechando este principio psicológico, desde hace un tiempo aplico una técnica que me ha funcionado muy bien para recuperar el enfoque siempre que lo necesito. Utilizo lo que yo llamo la visualización del costo de oportunidad de la procrastinación.

La idea es muy sencilla. Cuando me doy cuenta de que estoy desmotivado para hacer lo que sé que debería estar haciendo, me tomo 2 minutos de descanso para imaginarme a mi mismo disfrutando de los beneficios de haberla completado –el beneficio que me proporciona la tarea pospuesta es lo que estoy dejando de obtener, o sea, el coste de oportunidad de procrastinar la tarea. Esto es muy importante: no me centro en las consecuencias negativas de no hacerlo, sino en lo que conseguiré cuando lo haya hecho.

Transcurridos esos 2 minutos de “obligada” visualización, casi siempre mi motivación regresa fuerte y clara. De repente la tarea procrastinada cobra interés, y me resulta casi natural dejar de hacer lo que estoy haciendo –generalmente una tarea de bajo valor–, y ponerme inmediatamente con lo que debo hacer.

A veces –afortunadamente son muy pocas–, incluso la visualización más vívida no impide que siga procrastinando una tarea. En esos casos me tomo un descanso un poco más largo para plantearme si la tarea a la que estoy dando largas es realmente tan importante como creo –quizá se trate de algo que se supone que debo hacer, pero que en realidad es importante para otros, no para mi–. Otras veces me doy cuenta de que no he identificado correctamente su verdadero valor –encontrar un valor motivador al hecho de pagar los impuestos no siempre es sencillo ;-)

La visualización me ayuda no solo a centrarme en lo importante, sino a identificar cosas que pensaba que eran importantes, pero que en realidad no lo son.

Y tú, ¿has utilizado la visualización de alguna otra manera para mejorar la productividad? Cuéntanos los detalles en un comentario y compártelo con nosotros.

Artículo original escrito por Jero Sánchez. Sígueme en Twitter.

Foto por Anónimo (via Flickr)

7 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo con todo lo que dices. Lo que sorprende es que cosas tan obvias no estén interiorizadas ya en la mayoria de la gente. Esta es la causa por la que siempre digo que la mal llamada productividad personal no está al alcance de todo el mundo ni mucho menos. Alguien que es incapaz de llevar a la practica algo tan obvio como todo lo expuesto en el presente articulo no me merece la mas minima confianza ni como profesional ni como persona. Nunca entenderé a la gente que procrastina. Y además creo que tu, Jero, y todos los demas divulgadores de la mal llamada productividad personal les haceis un flaco favor a los procrastinadores tratandolos con condescendencia y no con el desprecio que se merecen. Y me quedo corto pero si sigo Jero no me dejará postear más, o sea que me callo por hoy.

  2. No hace mucho estuve leyendo un libro de Tony Buzan “Tu mente en forma”. En este libro no se habla de procastinación sino de malos hábitos y como cambiarlos por otros más saludables.
    Si queréis profundizar en el tema es muy recomendable.

  3. Vaya palabro esto de procrastinar. Hasta ahora le había llamado “posponer”.
    Según la RAE:

    procrastinar. (Del lat. procrastinare).
    1. tr. Diferir, aplazar.

    posponer. (Del lat. postponĕre; de post, después de, y ponĕre, poner).

    2. tr. Dejar de hacer algo momentáneamente, con idea de realizarlo más adelante. U. t. c. prnl.

    Sí, la idea es que cuando pospones la idea es realizarlo más adelante. Aunque a veces ese momento no llega…

    Ahora mismo estoy procrastinando o posponiendo, con todos los respetos para Jero. Quizás es la primera vez que lo hago cuando te leo. En fin, me voy al tajo.

  4. Mi comentario es para santana y sus palabras de desprecio hacia los “procrastinadores” (¿existe la palabra?… me la apunto!).

    En mi opinión todos somos humanos, y me temo que la procrastinación es, como tantas otras, una debilidad humana (si se puede llamar así).
    Por tanto, hasta los profesionales más capacitados y reconocidos, humanos ellos, pueden de facto llegar a “pecar”… digo procrastinar :-). Y eso no significa que no hagan magníficamente su trabajo. Significa que lo hacen más incómodos y con mayor esfuerzo del necesario, restando al descanso y al ocio el tiempo que no pueden ahorrar haciendo las cosas de otra manera.

    En general, las personas que no están interesadas en mejorar, procrastinen o no (que las hay que por naturaleza no lo hacen) ni se molestan en pasar por estos lares.
    Por tanto, partiendo de la base de que el que está aquí (o blog similar) y lee a Jero, lo hace porque quiere mejorar, procrastine o no, merece todo el respeto.

    Y más respeto aún merece Jero, y otras personas que como él invierten su tiempo y esfuerzo en transmitir su experiencia y sabiduría en el tema, para que los “pecadores” como yo… digo… “procrastinadores” :-) logremos cambiar.

    Gracias, Jero, por transmitir tanto, de tanto valor y tan bien. Saludos desde Málaga.

  5. Gran artículo, me identifico en algunos puntos. Yo era procrastinador cuando estudiaba, y eso te lo llevas luego en la mochila cuando vas a trabajar, y cuesta mucho cambiar esos hábitos, aún hoy día hay días que cuesta vencer la procrastinación.
    Pero en mi caso he recurrido a un programa que se llama WorkMeter y que mide la productividad cuando trabajo con el ordenador. Ser consciente de lo bien o mal que aprovecho el tiempo me ha ayudado a vencer mi procrastinación. Es un juego, mantener mi productividad por encima del 90%. Y me ha funcionado muy bien.

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