VIII Jornadas OPTIMA LAB: Más a veces es mejor

VIII Jornadas de Innovación OPTIMA LABUna vez más, los pasados días 12 y 13 de enero nos volvimos a reunir todos los nodos de la red en unas nuevas jornadas de innovación, esta vez las octavas. Para mi, y me consta que para algunos de mis colegas y amigos de la red, estas han sido unas jornadas muy especiales. No es que las jornadas que hemos celebrado en los últimos años hayan sido poco relevantes, todo lo contrario. Sin embargo, tengo que reconocer que el impacto del aprendizaje y las conclusiones de esta nueva edición pueden suponer una diferencia enorme en el futuro de nuestro negocio, y de mi (nuestra) sostenibilidad como consultores artesanos.

Uno de los grandes retos que enfrentamos los especialistas que nos ganamos la vida con lo que sabemos hacer es comunicar adecuadamente nuestra propuesta de valor al mercado. Somos «expertos» en una materia, pero en algunas ocasiones tenemos carencias en competencias transversales básicas. Una de esas competencias suele ser la venta, una actividad que generalmente está altamente industrializada. Si a ello le sumamos nuestra obsesión por respetar las señas de identidad de la consultoría artesana, el reto resulta aún mayor.

Los consultores artesanos abogamos por modelos no invasivos de acercamiento a los clientes. Modelos basados en prescripciones y referencias de proyectos anteriores como mejor carta de presentación. La gran pregunta, al menos para mi, siempre ha sido: ¿es la venta prescriptiva la única venta que puede considerarse realmente artesana? Durante muchos meses he tenido profundas dudas al respecto —debe ser por mi ignorancia en este terreno—, y no ha sido hasta estas jornadas que, por fin, «he visto la luz», en gran parte gracias a la reflexión y los diferentes puntos de vista que ha generado la llegada a la red de un nuevo nodo.

Me refiero a Jordi Fortuny, a quién conozco desde hace años por su blog Efectivitat, y que tuve ocasión de desvirtualizar en el evento Café y Productividad de noviembre de 2015, pero del que desconocía su experiencia en el área comercial. Jordi ha estado aportado mucho valor a la red desde el mismo momento de su incorporación hace ya unos meses, pero ha sido durante estas jornadas que, a mi juicio, se ha «destapado». Le estoy enormemente agradecido, no solo por confiar y unirse al proyecto de OPTIMA LAB, sino porque ha sido su visión «externa» del trabajo que hacemos, su conocimiento comercial y su vocación artesana lo que, principalmente, me ha permitido enfocar una estrategia comercial con la que me siento más cómodo —e intuyo que es el caso también de otros colegas de la red. Y es que, al final, como dice mi buen amigo José Miguel Bolívar, vender también es artesano.

En otro orden de cosas, las jornadas fueron altamente efectivas. Como siempre, trabajamos sin agenda —una herejía en muchas organizaciones, pero que ya forma parte de nuestro ADN—, guiados solo por nuestras listas de acciones organizadas en Trello, según el tiempo y la energía necesarios para completarlas. Una forma de trabajar que en la que ya tenemos mucha experiencia y que sigue demostrando ser enormemente efectiva para el trabajo colaborativo.

Como resultado, le dimos el empujón definitivo que necesitábamos a uno de los proyectos de red con el que estoy especialmente emocionado, y que está relacionado con nuestra iniciativa 2017: año de la efectividad personal, parte de nuestro compromiso con la Responsabilidad Social Artesana (RSA). También «tachamos» varias decenas de asuntos más operativos, y nos llevamos a casa varios proyectos cada uno para impulsar en las próximas semanas.

Terminando la última jornada me llamó la atención un comentario de Jordi: «jo, es que no paráis». Por un momento me quedé pensativo. ¡Tenía razón! Sin embargo, yo no tenía la misma percepción. Imagino que la razón es que todos los que formamos parte de OPTIMA LAB estamos aquí porque tenemos intereses comunes, compartimos la misma visión y disfrutamos con lo que hacemos. Para nosotros el trabajo no es trabajo, es dar vida a nuestro propósito. Y cuando estamos juntos, las cosas simplemente fluyen de manera natural. Algo que, al menos en mi caso, nunca había experimentado en otro sitio.

Si soy sincero, la vida del consultor artesano en efectividad personal centrada en las personas no es un camino de rosas. Requiere mucha dedicación, aprendizaje continuo, enfrentarse permanentemente al cambio, trabajar con otras personas en lugares y momentos que no siempre son los mejores. Pero es una vida que no cambio por nada del mundo, y que me alegra compartir con mis colegas de OPTIMA LAB. Por eso, cada oportunidad de vernos en persona la aprovecho al máximo. Y qué mejor manera de aprovecharla que compartiendo lo que nos une.

Acaban de terminar las VIII Jornadas. Ya estoy deseando que lleguen las novenas. Será un placer volver a ver a José Miguel, Paz, AJ, David, Cruz, Jordi… y quizá a alguien más ;)

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