Productividad personal, fuente de capital psicológico

OptimismoA finales del siglo XX surgió una rama de la psicología denominada psicología positiva, cuyo foco principal era utilizar el conocimiento científico adquirido por esta ciencia para ayudar a las personas a conseguir una vida más satisfactoria, y no tanto en el tratamiento de desórdenes psicológicos. En este contexto surgió el concepto de denominado capital psicológico positivo, o simplemente capital psicológico, como las sinergias que se producen entre cuatro estados mentales: autoeficacia, esperanza, optimismo y resiliencia.

La importancia de este concepto radica en que existen muchos estudios que parecen asociar el capital psicológico con un mayor rendimiento en el trabajo —y en general, un mayor bienestar en la vida. Y que al tratarse de un «estado mental agregado», debería ser posible modificarlo, al contrario de lo que sucede con los rasgo de la personalidad, que básicamente son fijos e inmutables. La cuestión es: ¿qué podemos hacer para lograrlo?

Hace tiempo leí una mini serie en The Workologist, titulada The psychology of GTD, que me hizo reflexionar sobre este asunto. En concreto, cómo metodologías de productividad personal como GTD®, y de efectividad personal como OPTIMA3®, podrían ayudar a las personas a incrementar su capital psicológico. Así que os comparto mi propia visión del asunto, siguiendo el mismo esquema presentado por el autor original aquel post.

Autoeficacia

La autoeficacia se define como la confianza que tienen las personas en su propia capacidad para alcanzar determinados objetivos según las circunstancias. Es decir, que no importa qué suceda, en cualquier momento harán lo que tiene más sentido hacer, y que nada se quedará sin hacer por descuido u olvido.

En este sentido, un buen practicante de GTD siempre tiene un inventario completo de todo lo que hay que hacer —y de todo lo que puede esperar—, así como de las acciones concretas, físicas y visibles, que son necesarias llevar a cabo para hacer que las cosas se muevan. Indudablemente, tener un inventario con estas características da muchísima confianza, ya que si algo se queda sin hacer no es por descuido, sino porque hemos juzgado que hay que hacer otras cosas primero.

Esperanza

La esperanza se define como un estado motivacional positivo donde interaccionan dos elementos: el impulso a trabajar de manera orientada a objetivos, y la capacidad de decidir qué hacer primero y qué hacer después para alcanzar dichos objetivos. Es decir, se trata de un sentimiento de logro derivada de la sensación de estar haciendo las cosas que hay que hacer.

Identificar claramente cuáles son los resultados deseados —proyectos—, favorece enormemente el trabajo orientado a objetivos. Además, desarrollar el hábito de preguntarnos sistemáticamente qué es cada cosa que entra a nuestro flujo de trabajo, o si requiere acción o puede esperar, facilita claramente el enfoque necesario para poder trabajar en la consecución de los resultados deseados.

Optimismo

El optimismo se define como la capacidad de percibir los acontecimientos negativos como algo temporal y específico, no como algo inmutable y general.

Saber que tienes una «red de seguridad» como GTD, que te permite recuperar el control cuando la vida se complica, hace que puedas afrontar retos, tanto personales como laborales, que, de otro modo, quizá no te plantearías. Se trata de una forma de optimismo. GTD te ayuda a reducir el miedo a intentar proyectos de envergadura, porque se trata de un sistema de hábitos productivos sólidos que te permiten manejar esa complejidad extra sin perder el equilibrio.

Resiliencia

La resiliencia se define como la capacidad de gestionar las situaciones adversas, y recuperarse de ellas.

Cuando sucede lo «indeseado», lo peor que te puede pasar es no saber qué opciones tienes, o lamentarte por haber tomado malas decisiones. La forma de trabajar que propone GTD minimiza ambas cosas. Dado que te permite tener delante de los ojos toda las opciones de acción, es menos probable que se te escape algo importante a la hora de tomar la mejor decisión posible sobre qué hacer en cada momento. Por otro lado, si a pesar de todo ocurre algo indeseable, al menos tendrás la tranquilidad de que hiciste lo que en ese momento juzgaste que tenías que hacer, a la luz de los datos disponibles, y que dicha situación no ha sido fruto de una negligencia que podría haberse evitado. Eso ayuda mucho a la hora de recuperarse y seguir adelante, sin sentimientos de culpa.

¿Qué otros aspectos de la productividad personal en general, y GTD en particular, crees que pueden ayudar a desarrollar el capital psicológico? Me encantaría que lo compartieras en un comentario.

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