Para quién es la efectividad personal

Interrupción telefónicaTengo que reconocerlo: metodologías de productividad personal como GTD®, o de efectividad personal como OPTIMA3®, pueden resultar poco atractivas para algunas personas. Como resultado de la forma de trabajar tan distinta que tiene la inmensa mayoría de profesionales hoy en día, interiorizar la nueva manera de hacer las cosas que proponen estas metodologías supone iniciar un proceso de cambio y mejora que lleva tiempo. Al aprendizaje de los nuevos comportamientos hay que sumarle el esfuerzo adicional de tener que «desaprender» muchos hábitos poco efectivos que muchos vienen arrastrando desde hace años. Por eso, al menos en un primer momento, algunas personas sienten cierto rechazo y terminan llegando a la conclusión de que eso de la efectividad personal no es para ellas.

He hablado mucho del tema en innumerables ocasiones, así que no voy a extenderme ahora en ello. Basta con decir que, tanto a nivel personal como profesional, la realidad que nos ha tocado vivir en el siglo XXI no tiene nada que ver con la de nuestros padres y abuelos. Hoy en día las cosas cambian mucho más deprisa, nos llega información potencialmente útil y relevante constantemente, y la mayoría de las veces no resulta evidente qué es lo que hay que hacer con ella. Y no solo tenemos que aprender a gestionar este flujo constante de información, también debemos asegurarnos de tomar las decisiones correctas sobre cada cosa, dejando sin hacer aquello que puede quedarse sin hacer, y haciendo primero las cosas que aportan más valor a nuestra vida y nuestro trabajo.

Nuestra efectividad personal, o como la definía Peter Drucker, nuestra capacidad de conseguir hacer bien las cosas correctas, tiene mucho que ver con ser hábiles para empezar y terminar las cosas que empezamos, de «estar a lo que estamos», sea lo que sea que estemos haciendo. Por eso, en un mundo en el que el flujo de «inputs» y, por tanto, de potenciales distracciones, no se detiene, aprender a gestionar nuestra atención es fundamental si queremos conseguir resultados en su sentido más amplio, ya sea terminar una presentación muy importante para un cliente, o disfrutar de un rato jugando en el suelo con tu hija.

Las metodologías como GTD® y OPTIMA3® nos ayudan a crear una estructura mental y un sistema de gestión de los «inputs» adecuado, que permite «canalizarlos» sin que vaya en detrimento de la calidad de nuestra atención. Por eso, si existe la posibilidad de que recibas interrupciones, o te llegue información potencialmente útil y relevante mientras estás haciendo otra cosa que requieren tu atención, definitivamente la efectividad personal es para ti.

Dice David Allen que GTD® es para cualquier persona que no pueda hacer todas las cosas en el mismo momento en que se le presentan. ¿Cómo puedes mantener la atención en lo que estás haciendo en este momento si no gestionas adecuadamente cualquier cosa nueva que llame tu atención, sobre todo si intuyes que puede requerir algún tipo de acción por tu parte, obligada o voluntaria? No disponer de los mecanismos necesarios para «canalizar» esos «inputs» genera «ruido metal» que te impedirá la concentración y te pasará factura, en términos de estrés y baja efectividad.

Por suerte o por desgracia, y a la luz de esta realidad, hay muy pocas personas hoy en día que puedan decir honestamente que la efectividad personal no va con ellas, independientemente de en qué trabajen, o de si trabajan o no. La efectividad personal es una forma concreta de relacionarte con tu realidad, un estilo de vida que tiene un enorme impacto positivo en la manera de experimentar el mundo aparentemente caótico que nos ha tocado vivir. Con toda certeza, la efectividad personal es un camino que también es para ti.

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