Los límites del compromiso

Anillo de compromisoHace un tiempo tuve una interesantísima conversación con Jeroen Sangers vía Twitter, al que muchos de vosotros seguro conocéis por su blog El Canasto, uno de los primeros blogs sobre GTD y productividad personal en español. En ella, Jeroen y yo intercambiamos algunos puntos de vista sobre la existencia —o no— de límites en el compromiso de las personas. La tesis de Jeroen era que el compromiso es un recurso limitado, algo que, de ser cierto, supondría un gran lastre para el desarrollo personal, ya que ser capaz de adquirir compromisos es imprescindible para iniciar cualquier proceso de cambio y, por ende, de crecimiento y mejora.

Cuando te comprometes, lo único que estás haciendo es demostrar tu voluntad de hacer —o no hacer— algo, dependiendo de la naturaleza del compromiso. La pregunta es, ¿tenemos realmente una cantidad máxima de voluntad disponible para hacer o no hacer cosas? Creo que la respuesta es bastante evidente, pero merece la pena reflexionar sobre ello.

Una de las realidades a las que nos tenemos que enfrentar los que nos dedicamos al trabajo del conocimiento es que, nos guste o no, siempre hay más trabajo por hacer que tiempo disponible para hacerlo. En ese sentido, es fundamental desarrollar una competencia clave, que es aprender a decir no a algunas cosas, de manera que podamos decir sí a otras, justamente aquellas que tienen un mayor retorno de la inversión del tiempo dedicado. Eso implica que, dependiendo del tiempo que nos lleve realizar cada tarea —en función de nuestras habilidades y pericia—, sólo podremos hacer un número limitado de ellas en un período de tiempo dado. Es decir, que, efectivamente, limitar la cantidad de trabajo que vas a hacer en un período de tiempo es necesario, pero no porque tengas una capacidad de compromiso limitada, sino porque tienes un ancho de banda, o capacidad de trabajo limitada.

Algo que a muchas personas les cuesta entender es que el compromiso es un concepto binario. Como la definición de libertad que hacía Martin Luther King, no puedes tener un poco de compromiso: o lo tienes o no lo tienes. Por eso, cuando decides no hacer algo esta semana es porque entiendes que ya has ocupado todo tu ancho de banda con otras cosas de más valor para ti. Y eso no significa necesariamente que dejas de estar comprometido con lo que pospones, sino que entiendes que hay otras cosas más importantes en este momento.

En la metodología de productividad personal Getting Things Done (GTD) existe un concepto llamado «incubadora», un contenedor donde van a parar precisamente todas esas cosas con las que estás comprometido de alguna manera pero que, en contraste con las demás cosas que tienes que hacer, decides que pueden esperar un tiempo, al menos una semana. Incubar algo significa que sigues comprometido con ello, porque si no lo estuvieras, deberías eliminarlo de tu sistema. Una idea puede permanencer meses o años en la incubadora, pero no por falta de compromiso, sino porque ahora decides dedicar tu atención a otras cosas que entiendes deben ir primero.

Este razonamiento, que a muchas personas les puede parecer una obviedad, tiene muchísima repercusión. Como digo muchas veces, las palabras crean realidades. Confundir compromiso con capacidad de trabajo es un error grave, ya que abre la puerta al peligrosísimo discurso de que está bien no comprometerse por falta de tiempo. El compromiso no tiene nada que ver con la cantidad de tiempo disponible, sino con la voluntad para hacer las cosas. Esto resulta evidente si pensamos que hay muchos tipos de compromisos que no implican necesariamente más cantidad de trabajo. Por ejemplo, cuando decides comer más verdura y menos carne roja, porque te has comprometido con mejorar tu salud. A veces, el compromiso puede implicar un cambio de comportamiento, un esfuerzo consciente si me apuras, pero no más trabajo. O dicho de otro modo, muchos compromisos implican simplemente dejar de hacer unas cosas, y hacer otras en su lugar.

Por tanto, no existen límite prácticos para el compromiso. Ser capaz de generar compromiso es fundamental, por ejemplo, para pasar de ser una persona improductiva a ser una persona altamente efectiva. Decir que el compromiso tiene límites, sin matices —e incluso con ellos—, puede hacer pensar a muchas personas que el cambio no es posible, amparándose en la complejidad de sus vidas. O aún peor, que el cambio depende de otros factores no ligados al compromiso, cuando resulta que, en realidad, sin compromiso no puede haber cambio.

Foto por William Warby vía Flickr

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