La precrastinación, o la falsa eficiencia

Cubo metálico

La procrastinación, o el mal hábito de posponer tareas que sabemos que deberíamos hacer lo antes posible, es un tema que me ha interesado desde hace mucho tiempo. Siendo yo mismo un procrastinador compulsivo, siempre he intentando enteder este fenómeno en busca de las mejores estrategias que pudieran ayudarme a procrastinar lo menos posible. Algunas de ellas las he compartido en este blog, como la técnica de las palomitas de maiz, el método Seinfeld —que se suele utilizar para facilitar el desarrollo de nuevos hábitos—, o la visualización del costo de oportunidad de la procrastinación.

Sin embargo, ayer leía un post de David Barreda —vía mi buen amigo y colega Quique Gonzalo, al que muchos probablemente conoceréis por ser el co-fundador y CEO de Hightrack—, sobre otro fenómeno cognitivo muy interesante, que puede considerarse la cara opuesta de la moneda de la procrastinación, pero que, cual lobo envuelto en una piel de cordero, esconde en realidad un hábito que tiene efectos igual o más perniciosos que la procrastinación. Estoy hablando de la precastinación.

Precrastinación es un término acuñado muy recientemente —apenas a finales del año 2013—, como resultado de una serie de experimentos llevados a cabo por David A. Rosenbaum, Lanyun Gong y Cory Adam Potts, de la Pennsylvania State University. En dichos experimentos se pidió a una serie de estudiantes que recorrieran un callejón a lo largo del cual encontrarían dos cubos llenos de agua, a diferentes distancias del final. La prueba consistía en recorrer el callejón sin detenerse, cogiendo uno de los dos cubos y dejándolo al final del recorrido. A pesar de que se les dijo expresamente que podían tomar cualquiera de los dos cubos, el que les viniera mejor, la tendencia observada fue que la mayoría de los estudiantes se inclinaba por coger el primer cubo que encontraban, aunque ello implicara tener que recorrer mayor distancia cargados con él y, por tanto, un mayor esfuerzo.

Cuando se les preguntó a los estudiantes por qué habían elegido el primer cubo, respondían: ”porque quería terminar la tarea lo antes posible”. Los investigadores creen que, tomando el primer cubo, los sujetos del experimento sentían alivio al tachar mentalmente la tarea de recoger el cubo. Es decir, que a la hora de tomar la decisión de qué cubo tomar, la sobrecarga mental que supone tener un asunto pendiente sin resolver suponía un obstáculo a la hora de elegir la opción más eficiente, la que les permitiera recorrer cargados la menor distancia posible.

Este impulso de completar tareas lo antes posible, que los investigadores han venido en denominar precrastinación, demuestra una vez más que nuestros procesos cognitivos son más complejos de lo que parecen, y que la simple lógica muchas veces no es suficiente para describir nuestro comportamiento en el mundo real. Por eso, dicho sea de paso, es fundamental aprender a trabajar en base a hábitos que estén sustentados en principios productivos sólidos y contrastados, y no en creencias o pareceres personales.

Las observaciones de Rosenbaum, Gong y Potts tienen mucha importancia para los que nos dedicamos a estudiar cómo mejorar la efectividad personal. Si no hacemos nada para remediarlo, la precrastinación, al igual que los comportamientos descritos por Laborit, nos da una falsa sensación de eficiencia cuando, en realidad, supone un pesado lastre a la hora de tomar buenas decisiones. En este sentido, y aunque aún queda por ver más investigaciones sobre el asunto, para mi resulta evidente que el hábito de separar pensar de hacer es fundamental para minimizar el impacto de estos fenómenos. De ahí que, en mi opinión, metodologías de productividad personal como GTD se ven, una vez más, respaldadas por los hallazgos científicos en materia de cognición.

Entonces, si prescrastinar puede resultar tan nocivo como procrastinar, ¿que podemos hacer al respecto? Pues aprender a posteriorizar, como dice José Miguel Bolívar, o pasar del “a ver si lo puedo hacer” al “a ver si lo puedo NO hacer”. Aunque parezca una contradicción, posteriorizar es clave para mejorar nuestra efectividad personal. Posteriozar con criterio nos permite ganar distancia, enfriar nuestros pensamientos, que diría el maestro Antonio José Masiá, y nos ayuda a tomar las mejores decisiones posibles en términos de eficiencia y eficacia.

Foto por Christian Schnettelker vía Flickr

9 comentarios

  1. Un concepto muy interesante que no conocía. Entiendo que el problema de la precrastinación es que, a menudo, no tienes a nadie que te diga que hay dos cubos de agua. Por lo tanto, si tienes una primera oportunidad no es fácil dejarla pasar sin estar 100% seguro de que luego habrá otra.

    Aún así, interesante reflexionar sobre el tema de posteriorizar todo lo que sea posible. Es algo que a mi personalmente me cuesta muchísimo.

    • Bueno, Jordi, creo que la esencia del problema no es adivinar cuántos cubos de agua hay, sino sabiendo lo que tienes que hacer, detenerte a pensar para elegir aquello que te haga más eficiente, en lugar de dejarte llevar por tu primer instinto. En ese sentido, posteriorizar siempre que sea posible ayuda a despejar el camino, eliminando opciones, y simplifica la elección de qué hacer a continuación, que es de lo que va todo esto de la efectividad :)

  2. La pre-crastinación es un fenómeno interesante. Aunque los científicos no están de acuerdo si realmente es un conducto nuevo o es algo que se puede explicar a partir de otros factores (http://journal.frontiersin.org/article/10.3389/fpsyg.2015.01269/full), el hecho es que a veces elegimos complicarnos la vida.

    No sé si la solución que planteas en este post, “pues aprender a posterioridad” es una opción factible. Básicamente estás diciendo que tenemos que ignorar nuestro compartimiento humano y ‘forzarnos’ a coger el cubo más lejos.

    Una mejor solución es hacer que el primer cubo que encontramos sea más útil. Es decir, fijarnos en pequeñas cosas que podemos hacer ahora para así avanzar hacía los beneficios del futuro.

    • Muy buena tu aportación, Jeroen. No conocía ese artículo. Añadido a mi archivo de referencia ;)

      Como dices, independientemente de si el fenómeno de la “precrastinación” es nuevo o no, el hecho es que es un fenómeno que está ahí y viene a sumarse a la complejidad de los procesos cognitivos del ser humano. Por eso, sigo pensando que no tenerlo en cuenta es un error a la hora de incluir cambios en nuestros flujos de trabajo. O dicho de otro modo, aquellos que se “inventan” formas “mejores” de trabajar, lo mínimo que deberían hacer es explicar cómo esa nueva forma de trabajar se apoya en un proceso cognitivo reconocido.

      Por otro lado, creo que muchas formas de mejora –las más evidentes son las deportivas–, implican “ignorar” nuestro comportamiento humano normal y “forzarnos” a hacer cosas que no son naturales en principio. En ese sentido, es lógico pensar que suceda lo mismo para muchas de las mejoras en el ámbito de la efectividad personal. Pensar que podemos obtener mejoras sin salirnos de nuestra zona de confort es totalmente irreal.

      Finalmente, cuando me refiero a “posteriorizar”, no quiero decir posponer todo lo que se nos ponga por delante –en este caso, dejar pasar el primer cubo–, sino que el hábito de intentar posteriorizar de manera sistemática nos obliga a pensar y tomar decisiones meditadas antes de hacer; eso, en muchas ocasiones, nos permite identificar opciones más eficientes, no necesariamente para resolver un mismo problema –alcanzar un mismo objetivo–, sino también para elegir trabajar en unas cosas antes que en otras.

      Muchas gracias por pasarte por aquí, Jeroen. Como siempre, tus comentarios aportan un punto de vista más amplio, y eso se agradece. :)

  3. Jerónimo un concepto muy interesante el de la precrastinación para todos aquellos que nos dedicamos a la efectividad personal. Pienso que es un concepto sobre el que deberemos profundizar para llegar a conclusiones más sólidas.
    Es conocido el síndrome de “completar compulsivamente” y quizá una fuente para este comportamiento sea la precrastinación, aunque mucho me temo que este fenómeno implica otros malos hábitos productivos.

    Gracias Jerónimo por poner en el centro del debate este concepto, que pienso puede darnos muchas herramientas para mejorar la efectividad personal.

    • Gracias Patxi. Habrá que estar pendiente de los hallazgos que se hagan sobre “precrastinación”, que como dices prometen explicar algunos comportamientos interesantes del ser humano a la hora de tomar decisiones.

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