Intuición informada y efectividad personal

Bombilla rota

Una de las críticas que recibe con más frecuencia la metodología de productividad personal de David Allen, Getting Things Done (GTD), es que propone una forma de trabajar que es demasiado «cuadriculada» para las personas creativas. Por alguna extraña razón, la creativiad se suele asociar a libertad, pero una libertad mal entendida. En los últimos años, la creatividad es un valor en alza pero, paradójicamente, hay muchas personas que creen que si no tienes una mente «caótica» no puedes ser verdaderamente creativo. Quizá por eso se ha extendido durante los últimos años la falsa creencia de que la creatividad es algo innato, y no hay mucho que pueda hacer una persona «normal» para aprender a ser más creativa.

Por otro lado, muchas personas más «cuadriculadas» critican a GTD porque no resuelve de manera satisfactoria el último paso de la metodología, a saber: cómo elegir de manera unívoca qué hacer cuando te quedan varias acciones en el mismo contexto, para las que requieres tener más o menos el mismo tiempo y la misma energía mental disponibles, algo que se da con relativa frecuencia.

Básicamente, lo que propone Allen en su metodología es, llegado el momento de tener que elegir qué hacer, primero filtrar todo aquello que, objetivamente hablando, no se puede hacer, de acuerdo a criterios como el contexto, el tiempo y la energía que tienes disponibles en este momento. Y una vez te quedas con lo que sí puedes hacer, elegir por intuición. A los «creativos» esto les parece demasiado trabajo —¿por qué no usar la intuición desde el principio y te ahorras todo lo que implica la metodología?—, y a los «cuadriculados», elegir por intuición les parece poco confiable —¿por qué no asignar prioridades precisas a cada cosa que hay que hacer, y así poder elegir por estricto orden de prioridad? ¡Menudo dilema!

En un mundo tan cambiante como el actual, en el que constantemente te estás comprometiendo a hacer cosas potencialmente más importantes y urgentes que las que ya tienes entre manos, priorizar no es un buena idea. Quieras o no, vives en un entorno VUCA. Intentar priorizar supondrá casi seguro tener que emplear una parte considerable de tu tiempo en modificar las prioridades previamente asignadas, una y otra vez. En este nuevo paradigma del trabajo, asignar prioridades no es priorizar, es perder el tiempo miserablemente, tanto más cuanto más volátil, incierto, complejo y ambiguo sea tu entorno de trabajo.

Por otra parte, utilizar la intuición «en bruto», o como decían nuestras abuelas, como dios nos da a entender, es casi siempre dar palos de ciego. Sin una idea clara de todas las cosas que hay que hacer, y qué papel juega cada una de ellas en la panorámica general de nuestra vida laboral y personal a medio y largo plazo, elegir por intuición suele convertirse en un juego de azar. A veces acertamos, pero muchas veces terminamos haciendo cosas que aportan poco valor, o que perfectamente bien podrían haberse quedado sin hacer.

Como expone magistralmente Seth Godin, intuir no es adivinar, intuir es permitir que tu cerebro haga reconocimiento de patrones complejos, y para ello es necesario que la «alimentes» con información suficiente y relevante. Eso es precisamente lo que proporciona la metodología GTD: una forma de trabajar que te permite capturar todas aquellas cosas de tu mundo que pueden ayudarte a conseguir los resultados —laborales y personales— que quieres obtener; aclarar regularmente su significado, decidiendo cómo y cuándo te vas a comprometer con cada cosa; y organizar tus decisiones en un sistema de recordatorios confiable y que tenga sentido. Es un trabajo necesario en el trabajo del conocimiento, y fundamental para poder hacer buenas elecciones.

Pocas personas se sienten capaces de confiar en su intución habitualmente, sobre todo por una razón: falta de claridad. Tener un sistema de recordatorios completo y actualizado, y revisarlo de manera regular, es lo mejor que puedes hacer para obtener claridad, y es justo lo que necesita tu intuición para poder funcionar con fiabilidad.

Si en tu revisión semanal siempre revisas la agenda para ver cómo tienes de ocupada la próxima semana, y qué cosas vencen próximamente, tu intuición podrá ofrecerte mejores «respuestas» cuando tengas que decidir qué hacer. Es martes y son las 11:17 am… Qué hago, ¿la agenda de la reunión del próximo viernes, o la lluvia de ideas para el lanzamiento del nuevo producto el próximo año?

Si eres más del tipo «creativo», permite que tu intuición y creatividad trabajen mejor teniendo controlados todos tus compromisos, evitando distracciones y dudas repentinas cuando tu mente te recuerde cosas en el peor momento. Si eres más del tipo «cuadriculado», confía en la utilidad de tu sistema y sigue tu intuición. Lejos de suponer una sobrecarga innecesaria, seguir un flujo de trabajo sistemático como GTD es la mejor manera de permitir que tu intuición funcione como debe, y potenciar tu efectividad personal.

Foto por David Brown vía Flickr

2 comentarios

  1. Me he encontrado con unas cuantas “mentes creativas” con reticencias a buen sistema productivo y organizativo. No parecen darse cuenta que teniendo claras tus prioridades y organizándote bien el trabajo, también te permitirá planificarte tiempo para ser creativo… cosa que es más complicada si te rondan cosas pendientes por la cabeza.
    En cuanto a los “cuadriculados” estoy de acuerdo en que si no te fías de tu intuición es que no has realizado bien alguno de los pasos previos. Y hablo por experiencia porque aún estoy aprendiendo a implementar correctamente los pasos y ser constante.

    • Totalmente de acuerdo, Dorit. En mi experiencia, muchas personas «creativas» se escudan en esa creatividad para no hacer lo que saben que tendrían que hacer, que es tener algún tipo de estructura a la hora de trabajar para obtener mejores resultados. Por otra parte, muchas de las personas que buscan elevados niveles de control se olvidan del papel que juega la intuición a la hora de tomar buenas decisiones.

      ¡Animo con la implementación! ;)

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