#CoreGTD: Separar pensar de hacer

Tubos de ensayo

El hecho de que la mayoría de los profesionales de hoy en día sean trabajadores del conocimiento tiene profundas implicaciones en la efectividad de las organizaciones del siglo XXI. Tendremos ocasión de hablar de ello en más ocasiones a lo largo de esta serie, pero hoy quiero centrarme en una de las características de este «nuevo» paradigma que está en los mismísimos genes de la forma de trabajar que propone David Allen, y que convierten a GTD en una metodología diferente y superior a cualquier otra forma de trabajo surgida hasta la fecha, y que la hacen única a la hora de afrontar con garantías cualquiera de los retos que puede llegar a suponer el trabajo del conocimiento.

Como ya apuntaló Peter Drucker hace décadas, en el trabajo del conocimiento la tarea no se presupone, sino que ha de definirse. Es decir que, actualmente, para ser un «buen profesional», ya no es suficiente con que seas un excelente ejecutor, también tienes que pensar correctamente sobre tu trabajo antes de ejecutarlo, porque nadie más te va a decir qué y cómo tienes que hacer las cosas. Todo GTD se construye sobre esta premisa fundamental, y no tener claro sus implicaciones hace que muchas personas sufran permanentemente de falta de control, frustración y estrés.

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Aprender a fluir, o el knowmad de alto rendimiento

Hombre líquido

No lo digo yo, ya son muchas las voces que se alzan clamando por un cambio en la forma de trabajar de los profesionales modernos, esos que Peter Drucker denominó hace ya más de 50 años profesionales del trabajo del conocimiento. Claro que a juzgar por lo que hemos avanzado en temas de efectividad personal y organizacional en las últimas cinco décadas, parece que esas voces han estado clamando en el desierto todo este tiempo. Hasta ahora, esta “sordera” nos ha salido relativamente barata a la mayoría de nosotros. Eso sí, aquellos que han sabido escuchar se han estado beneficiando durante años, colocándose con una ventaja competitiva más que notoria como profesionales valiosos. Pero eso está a punto de cambiar…

Hace unos días terminaba de leer el libro de Raquel Roca, Knowmads, los trabajadores del futuro, y me ha quedado meridianamente claro: estamos a las puertas de un cambio profundo en el mundo laboral. La cosas se están precipitando a un ritmo exponencial sin que muchos se den cuenta de ello, y en algun momento que se estima será alrededor del año 2020 —¡quedan menos de cinco años!—, se producirá un cambio masivo en la naturaleza de la mayoría de los empleos. Del tradicional presencialismo de 9 a 6, pasaremos a ver una demanda casi exclusiva del, mucho más adaptado a los tiempos, trabajador knowmad —nómoda del conocimiento—, un profesional capaz de trabajar por proyectos para varias empresas, casi con cualquier persona, en cualquier momento y lugar, principalmente de manera remota.

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Dónde está el valor del trabajo en el siglo XXI

Etiqueta Conceptos

Hace unos días leía un artículo de Andrés Pérez Ortega en el que nos plateaba si las personas, como trabajadores, podemos ser sustituidos por máquinas. El se hacía la pregunta desde un punto de vista se marca personal –si desarrollas tu marca adecuadamente, dice Andrés, disminuyes el riesgo de ser sustituido–, y claro, no pude evitar trasladar la cuestión al mundo de la efectividad personal, al menos mentalmente.

Desde luego, la eficacia y la eficiencia son habilidades que pueden hacer mucho por cualquier estrategia de marca personal. Además de darte claridad de ideas, permitirte enfocar esfuerzos hacia tus metas particulares e implementar tu estrategia de manera consistente y constante, también fomenta el hábito de la puntualidad y el cumplimiento de fechas, generalmente excediendo expectativas, lo que permite que los demás te vean como alguien confiable, serio. Así que desde ese punto de vista, la efectividad personal también puede ayudarte a que no seas sustituido por un algoritmo.

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