Priorizar en el trabajo del conocimiento

Botón rojo, botón verdeUno de los conceptos más manidos dentro del mundo de la productividad personal es el de «priorizar». De tanto usarlo y abusar de él, hemos terminado asociándolo a determinadas técnicas, especialmente aquellas relacionadas con el acto de asignar números o letras a cada una de las cosas que tienes que hacer, de manera que resulte más fácil elegir lo que se supone que tienes que hacer en primer lugar. Y digo se supone porque, como seguramente ya habrás comprobado, la cosa no es tan sencilla ni funciona como el sentido común nos dice que debería funcionar.

En los tiempos que corren, asignar prioridades no es priorizar, es una absoluta pérdida de tiempo. Agrupar tareas por prioridad sería una buena solución si las prioridades permanecieran más o menos estables durante un plazo razonable. Sin embargo, en el trabajo del conocimiento, la norma es el cambio constante. Tan pronto terminas de organizar las cosas por prioridad, es probable que el siguiente «input» te obligue a reconsiderar y reorganizar todo de nuevo. Es decir, intentar priorizar como probablemente te han enseñado durante toda tu vida te obliga a hacer un trabajo extra constante de reorganización que se vuelve insostenible muy rápidamente.

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Conciliación y trabajo del conocimiento

Trabajo en casaCada vez existe en España una mayor sensibilidad sobre el asunto de la conciliación, entendida como la posibilidad de que un trabajador tenga la oportunidad de compaginar sus obligaciones laborales y familiares. En este sentido, hace unos días tuvo lugar en Madrid el X Acto de entrega de los Certificados Empresa Familiarmente Responsable (EFR) de la Fundación Más Familia, a la que tuve oportunidad de asistir. Y me sorprendió muy gratamente la cantidad de empresas e instituciones, grandes y pequeñas, que obtuvieron la certificación este año, o que ya llevan años con ella. No me malinterpretéis, soy consciente de que aún queda mucho trabajo por hacer. Pero independientemente de otras consideraciones, creo que esto es una buena noticia, y demuestra esa sensibilidad.

Aún así, para muchos empresarios y jefes, conciliación sigue significando, básicamente, permitir que las mujeres lleguen antes a casa para poder encargarse de sus hijos. Para algunos más, conciliación consiste también en poder trabajar un día a la semana desde casa, siempre que las «circunstancias» lo permitan, lo que sea que eso signifique. Muy pocos entienden la conciliación como lo que realmente es: darle a los trabajadores la autonomía necesaria para que puedan decidir cómo conseguir los resultados que se esperan de ellos, de la manera más efectiva posible, sin tener que descuidar otras áreas de responsabilidad importantes para ellos, como por ejemplo la familia, su desarrollo personal o su salud.

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No necesitas productividad, sino efectividad

Barrendero antiguoLeía ayer un interesantísimo post de Francisco Sáez en FacileThings, incidiendo en una idea que, a mi juicio, resulta fundamental para el buen management en el siglo XXI: ¿Cuál es el sentido de la productividad?. O, ¿realmente somos productivos por la razón correcta? Una pregunta que yo mismo lanzaba ya hace algunos años en este mismo blog: ¿por qué debemos ser productivos? Esta ha sido, de hecho, una pregunta recurrente entre todos los que nos dedicamos a ayudar a mejorar la forma de trabajar de las personas y las organizaciones.

Como digo muchas veces, las palabras crean realidades, y claro, cuando se habla de «productividad», la inmensa mayoría de las personas piensa automáticamente en «hacer más en menos tiempo». Por eso, para un amplio porcentaje de los profesionales modernos, productividad es sinónimo de «explotación laboral», lo cual complica mucho la comprensión del problema y cualquier intento de mejora del rendimiento personal dentro y fuera de las organizaciones. ¿Cómo intentar mejorar algo que no se percibe como un problema?

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La gestión del tiempo en el siglo XXI

Pico y pala

Se que voy a pecar de lo que mi buen amigo y colega José Miguel Bolívar denomina «pensamiento supositorio», pero estoy convencido de que si hiciéramos un estudio a nivel nacional sobre cuál es la formación más demandada en la empresa española hoy en día, la gestión del tiempo aparecería sin duda en uno de los primeros lugares. Y esto no es nuevo. Desde mis primeros escarceos laborales a comienzos de los años 90, la necesidad de gestionar mejor el tiempo siempre ha sido una de las demandas más recurrentes de la mayoría de los profesionales. Lo cual no deja de ser un fenómeno bastante significativo.

El paradigma de la gestión del tiempo no es precisamente un paradigma nuevo en el mundo laboral. Junto a, o quizá como consecuencia de, la industrialización masiva de los procesos productivos que tuvo lugar a lo largo del siglo XIX y principios del XX, apareció una nueva forma de trabajar, revolucionaria en aquella época, encaminada a mejorar la productividad en un trabajo que era básicamente de naturaleza manual. Fue entonces cuando surgieron conceptos tan conocidos hoy en día como la especialización de funciones, el trabajo en cadena, la planificación o la priorización de tareas. La aplicación sistemática de estos conceptos supuso un antes y un después en el desarrollo económico, social y cultural de la sociedad moderna. Tanto es así que, probablemente, no estaríamos donde estamos hoy si no fuera porque la industria adoptó masivamente este nuevo paradigma.

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