No necesitas productividad, sino efectividad

Barrendero antiguoLeía ayer un interesantísimo post de Francisco Sáez en FacileThings, incidiendo en una idea que, a mi juicio, resulta fundamental para el buen management en el siglo XXI: ¿Cuál es el sentido de la productividad?. O, ¿realmente somos productivos por la razón correcta? Una pregunta que yo mismo lanzaba ya hace algunos años en este mismo blog: ¿por qué debemos ser productivos? Esta ha sido, de hecho, una pregunta recurrente entre todos los que nos dedicamos a ayudar a mejorar la forma de trabajar de las personas y las organizaciones.

Como digo muchas veces, las palabras crean realidades, y claro, cuando se habla de «productividad», la inmensa mayoría de las personas piensa automáticamente en «hacer más en menos tiempo». Por eso, para un amplio porcentaje de los profesionales modernos, productividad es sinónimo de «explotación laboral», lo cual complica mucho la comprensión del problema y cualquier intento de mejora del rendimiento personal dentro y fuera de las organizaciones. ¿Cómo intentar mejorar algo que no se percibe como un problema?

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La gestión del tiempo en el siglo XXI

Pico y pala

Se que voy a pecar de lo que mi buen amigo y colega José Miguel Bolívar denomina «pensamiento supositorio», pero estoy convencido de que si hiciéramos un estudio a nivel nacional sobre cuál es la formación más demandada en la empresa española hoy en día, la gestión del tiempo aparecería sin duda en uno de los primeros lugares. Y esto no es nuevo. Desde mis primeros escarceos laborales a comienzos de los años 90, la necesidad de gestionar mejor el tiempo siempre ha sido una de las demandas más recurrentes de la mayoría de los profesionales. Lo cual no deja de ser un fenómeno bastante significativo.

El paradigma de la gestión del tiempo no es precisamente un paradigma nuevo en el mundo laboral. Junto a, o quizá como consecuencia de, la industrialización masiva de los procesos productivos que tuvo lugar a lo largo del siglo XIX y principios del XX, apareció una nueva forma de trabajar, revolucionaria en aquella época, encaminada a mejorar la productividad en un trabajo que era básicamente de naturaleza manual. Fue entonces cuando surgieron conceptos tan conocidos hoy en día como la especialización de funciones, el trabajo en cadena, la planificación o la priorización de tareas. La aplicación sistemática de estos conceptos supuso un antes y un después en el desarrollo económico, social y cultural de la sociedad moderna. Tanto es así que, probablemente, no estaríamos donde estamos hoy si no fuera porque la industria adoptó masivamente este nuevo paradigma.

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#CoreGTD: Separar pensar de hacer

Tubos de ensayo

El hecho de que la mayoría de los profesionales de hoy en día sean trabajadores del conocimiento tiene profundas implicaciones en la efectividad de las organizaciones del siglo XXI. Tendremos ocasión de hablar de ello en más ocasiones a lo largo de esta serie, pero hoy quiero centrarme en una de las características de este «nuevo» paradigma que está en los mismísimos genes de la forma de trabajar que propone David Allen, y que convierten a GTD en una metodología diferente y superior a cualquier otra forma de trabajo surgida hasta la fecha, y que la hacen única a la hora de afrontar con garantías cualquiera de los retos que puede llegar a suponer el trabajo del conocimiento.

Como ya apuntaló Peter Drucker hace décadas, en el trabajo del conocimiento la tarea no se presupone, sino que ha de definirse. Es decir que, actualmente, para ser un «buen profesional», ya no es suficiente con que seas un excelente ejecutor, también tienes que pensar correctamente sobre tu trabajo antes de ejecutarlo, porque nadie más te va a decir qué y cómo tienes que hacer las cosas. Todo GTD se construye sobre esta premisa fundamental, y no tener claro sus implicaciones hace que muchas personas sufran permanentemente de falta de control, frustración y estrés.

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Aprender a fluir, o el knowmad de alto rendimiento

Hombre líquido

No lo digo yo, ya son muchas las voces que se alzan clamando por un cambio en la forma de trabajar de los profesionales modernos, esos que Peter Drucker denominó hace ya más de 50 años profesionales del trabajo del conocimiento. Claro que a juzgar por lo que hemos avanzado en temas de efectividad personal y organizacional en las últimas cinco décadas, parece que esas voces han estado clamando en el desierto todo este tiempo. Hasta ahora, esta “sordera” nos ha salido relativamente barata a la mayoría de nosotros. Eso sí, aquellos que han sabido escuchar se han estado beneficiando durante años, colocándose con una ventaja competitiva más que notoria como profesionales valiosos. Pero eso está a punto de cambiar…

Hace unos días terminaba de leer el libro de Raquel Roca, Knowmads, los trabajadores del futuro, y me ha quedado meridianamente claro: estamos a las puertas de un cambio profundo en el mundo laboral. La cosas se están precipitando a un ritmo exponencial sin que muchos se den cuenta de ello, y en algun momento que se estima será alrededor del año 2020 —¡quedan menos de cinco años!—, se producirá un cambio masivo en la naturaleza de la mayoría de los empleos. Del tradicional presencialismo de 9 a 6, pasaremos a ver una demanda casi exclusiva del, mucho más adaptado a los tiempos, trabajador knowmad —nómoda del conocimiento—, un profesional capaz de trabajar por proyectos para varias empresas, casi con cualquier persona, en cualquier momento y lugar, principalmente de manera remota.

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