Sé honesto con tus listas de próximas acciones

Hace tres años, cuando aún llevaba poco tiempo trabajando con GTD de manera consistente, empecé a sentir agobio y frustración en relación a las tareas que tenía pendientes cada día. La verdad, era algo que no esperaba. Se suponía que GTD era el método final, el que me iba a ayudar a ser productivo y trabajar sin estrés –o al menos eso prometía David Allen. Pero parecía todo lo contrario.

Tras algunos fracasos –se supone que hay que caerse muchas veces para obtener resultados–, había conseguido desarrollar un sistema de organización y productividad personal bastante aceptable. Recopilaba todo por medio de mi libreta ecológica, mi grabadora de voz y mi PDA. También hacía mi revisión semanal, o al menos casi semanal. Tenía todas las tareas por contextos, y creaba proyectos para todas las tareas complejas. Sin embargo, me sentía más agobiado que nunca.

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