Priorizar en el trabajo del conocimiento

Botón rojo, botón verdeUno de los conceptos más manidos dentro del mundo de la productividad personal es el de «priorizar». De tanto usarlo y abusar de él, hemos terminado asociándolo a determinadas técnicas, especialmente aquellas relacionadas con el acto de asignar números o letras a cada una de las cosas que tienes que hacer, de manera que resulte más fácil elegir lo que se supone que tienes que hacer en primer lugar. Y digo se supone porque, como seguramente ya habrás comprobado, la cosa no es tan sencilla ni funciona como el sentido común nos dice que debería funcionar.

En los tiempos que corren, asignar prioridades no es priorizar, es una absoluta pérdida de tiempo. Agrupar tareas por prioridad sería una buena solución si las prioridades permanecieran más o menos estables durante un plazo razonable. Sin embargo, en el trabajo del conocimiento, la norma es el cambio constante. Tan pronto terminas de organizar las cosas por prioridad, es probable que el siguiente «input» te obligue a reconsiderar y reorganizar todo de nuevo. Es decir, intentar priorizar como probablemente te han enseñado durante toda tu vida te obliga a hacer un trabajo extra constante de reorganización que se vuelve insostenible muy rápidamente.

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Asignar prioridades no es priorizar

Pesas

Llega un momento en la vida de todas las personas en que nos damos cuenta de que son más las cosas que tenemos o que queremos hacer, que el tiempo disponible para hacerlas. Para unos eso sucede al entrar en la secundaria o el bachillerato, para la gran mayoría durante la universidad, y para los que tienen más suerte, eso pasa cuando se incorporan al mundo laboral. En cualquier caso, tener más cosas que hacer que tiempo para hacerlas es una característica de la «vida moderna», y debemos aprender a vivir con ello, para lo bueno y para lo malo.

Aparentemente, nuestros abuelos y padres siempre han tenido la fórmula para afrontar esta terrible situación: «Tú lo que tienes que hacer es organizarte y priorizar». Lo que quiere decir, de manera más o menos implícita, es que si hacemos un inventario de todas las cosas por hacer, y luego ordenamos esas cosas de más a menos prioritaria, decidir en cualquier momento lo siguiente que tenemos que hacer debería ser coser y cantar.

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