El peligro de inventarte fechas

Pines en calendarioUna de las prácticas más comunes a la hora de trabajar, recomendada incluso por muchos de los llamados «expertos» en productividad personal, consiste en asignar fechas de vencimiento a gran parte de las cosas que hay que hacer. Y no me refiero solo a las fechas de vencimiento impuestas por la realidad, como por ejemplo un informe que te ha pedido tu jefa para el viernes, o el último día para entregar la declaración de la renta —fechas que mi amigo José Miguel Bolívar llama fechas objetivas, y que es imprescindible gestionar bien para ser efectivos. No, me refiero a esas fechas que nos inventamos y asignamos a las tareas con la secreta esperanza de que, de ese modo, nos «obligaremos» a hacerlas.

Algunas personas incluso rizan el rizo y, no conformes con las fechas de vencimiento objetivas propias de las tareas, se atreven con fechas aún más cortas para, dicen, evitar que llegue el día de vencimiento de verdad y no les haya dado tiempo a terminarlas. El resultado es que tienen el calendario hecho un auténtico tetris, como diría Alberto Almoguera. Lo cual sería hasta gracioso si no fuera porque ese «tetris» de colores hace que el calendario se vuelva una herramienta absolutamente inservible.

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