Acaba con los «ladrones de tiempo» para siempre

Ladrón sorprendidoSi hay algo en lo que todos podemos estar de acuerdo en relación a la productividad personal es que, en los últimos años, la naturaleza del entorno típico en el que se supone que debemos ser productivos ha cambiado enormemente. Nos movemos en entornos cada vez más VUCA, un término que, aunque a algunos no les gusta mucho, refleja una realidad: cada vez tenemos que lidiar con mayor complejidad, imprevistos y cambios en nuestro día a día, tanto en el ámbito laboral como en el personal.

Afortunadamente, en las últimas décadas hemos avanzado bastante en nuestra comprensión sobre los retos que suponen estos entornos, y cuál es la mejor manera de obtener resultados sin morir en el intento, víctimas del estrés y la frustración. No sólo tenemos trabajos como el de Stephen R. Covey o David Allen, que reflejan los aspectos más prácticos de lo que hemos aprendido con respecto a la productividad personal. Durante la última década también se han producido muchos avances desde el campo de la neurociencia, que ya es capaz de explicar por qué funcionan muchos de los principios expuestos por estos autores.

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Sobre los ladrones de tiempo

Celda oscura

De vez en cuando se ponen de moda ciertas expresiones, y el mundillo de la productividad personal no es una excepción. Una de las que más se oyen desde hace un tiempo es la de los “ladrones de tiempo”. Muchos de los autodenominados expertos en productividad personal han venido utilizando esta expresión para referirse a todo aquello que, casi sin darnos cuenta, nos impide que hagamos nuestro trabajo y, en consecuencia, nos pasemos el día pegados a Facebook. ¡Qué malos son esos ladrones!

Los sospechosos habituales, dicen esos mismos expertos, son el teléfono —principalmente el móvil—, el correo electrónico —bueno, muchos opinan que el enemigo es internet en general—, los compañeros de trabajo, familia y amigos que todo el tiempo nos interrumpen, etc. Y claro, ante semejantes enemigos hay que utilizar medidas drásticas: apagar el teléfono, dejar de usar el correo eletrónico, desconectar el cable de internet durante X horas al día, ponerte audífinos y hacer como que estás escuchando música —aunque no sea cierto—, para despistar al enemigo… La imaginación no tiene límites.

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