La gestión del tiempo en el siglo XXI

Pico y pala

Se que voy a pecar de lo que mi buen amigo y colega José Miguel Bolívar denomina «pensamiento supositorio», pero estoy convencido de que si hiciéramos un estudio a nivel nacional sobre cuál es la formación más demandada en la empresa española hoy en día, la gestión del tiempo aparecería sin duda en uno de los primeros lugares. Y esto no es nuevo. Desde mis primeros escarceos laborales a comienzos de los años 90, la necesidad de gestionar mejor el tiempo siempre ha sido una de las demandas más recurrentes de la mayoría de los profesionales. Lo cual no deja de ser un fenómeno bastante significativo.

El paradigma de la gestión del tiempo no es precisamente un paradigma nuevo en el mundo laboral. Junto a, o quizá como consecuencia de, la industrialización masiva de los procesos productivos que tuvo lugar a lo largo del siglo XIX y principios del XX, apareció una nueva forma de trabajar, revolucionaria en aquella época, encaminada a mejorar la productividad en un trabajo que era básicamente de naturaleza manual. Fue entonces cuando surgieron conceptos tan conocidos hoy en día como la especialización de funciones, el trabajo en cadena, la planificación o la priorización de tareas. La aplicación sistemática de estos conceptos supuso un antes y un después en el desarrollo económico, social y cultural de la sociedad moderna. Tanto es así que, probablemente, no estaríamos donde estamos hoy si no fuera porque la industria adoptó masivamente este nuevo paradigma.

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Cadenas rotas

Afortunadamente, cada vez hay más personas y organizaciones que empiezan a ser conscientes de la importancia de integrar nuevas competencias profesionales más acordes con el nuevo paradigma del trabajo del conocimiento. Un paradigma que, por otra parte, no es ni mucho menos nuevo. Ya a mediados de los años 50 del siglo XX fue magistralmente descrito por el llamado «filósofo del management», Peter Drucker, que nos dejó joyas como «no hay nada tan inútil como hacer con gran eficiencia algo que no debería haberse hecho en absoluto», o «gran parte de lo que llamamos gestión consiste en hacer que sea difícil para la gente trabajar».

Durante las últimas décadas, hemos estado luchando con la llamada «gestión del tiempo», una forma de trabajo surgida durante la Era Industrial para optimizar la eficiencia de la producción. Fue entonces cuando surgieron conceptos como la «mejora de la productividad», entendida como el aumento de la cantidad de piezas producidas por unidad de tiempo. Lo producido era siempre algo físico, tangible, que se podía contar. Y el tiempo se podía medir. Así que calcular la productividad era algo bastente simple.

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