¿Tiene sentido actualizar GTD?

Latas de pintura

Desde que hace ya un año, en marzo de 2015, apareció la nueva edición del libro Getting Things Done, no he dejado de leer críticas a David Allen en distintos foros, relacionadas especialmente con tres aspectos: la evolución de la metodología propiamente dicha, la falta de recomendaciones específicas sobre qué herramientas «modernas» conviene utilizar, y la excesiva complejidad de la metodología.

Yo mismo he criticado la nueva edición, aunque no exactamente por esos motivos. Sinceramente, pensaba que los años habrían llevado a Allen a ir un poco más allá en el tratamiento de ciertos aspectos de la metodología, especialmente los relacionados con la perspectiva, ya que pensaba que había perdido una buena oportunidad para hacerlo en esta nueva edición. Sin embargo, después de las dos últimas lecturas «a fondo», poco a poco voy comprendiendo algo: David Allen nunca ha tenido en mente ir más allá de donde va.

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