Y tú, ¿con quién prefieres trabajar?

SoledadEn el verano de 2014 suscribí formal y públicamente la declaración de Consultoría Artesana. Entonces, y aún hoy, una auténtica rareza que muchos probablemente tilden de friki. Una forma de ver la consultoría muy distinta a la forma de hacer industrial tan extendida en muchas de las grandes corporaciones. Tanto es así que, a veces, cuando alguien me pregunta, me resulta difícil explicar qué significa eso de ser artesano. Porque ser artesano es, principalmente, una actitud, que sólo puede ser percibida en su máxima expresión mediante los hechos.

Hay palabras clave, no obstante, que pueden dibujar una imagen bastante precisa del perfil de un consultor artesano. Por ejemplo, creemos en el «conocimiento abierto», que compartimos libremente con nuestros clientes y colegas, frente al «conocimiento privativo» —y es que la información hace tiempo que ha dejado de significar poder o dinero, pero muchos aún no se han dado cuenta—; nos gusta la «cercanía personal», que facilita la creación de relaciones de confianza duraderas, frente al automatismo industrializado de muchas corporaciones; hacemos lo que hacemos porque nos causa «disfrute», no solo porque nos da de comer; creemos en el «aprendizaje basado en la experiencia», frente a la simple transmisión de conocimiento; procuramos un «acercamiento no invasivo al cliente», como señal de respeto y en reconocimiento de que cada cliente sabe cuándo está preparado para los productos o servicios que ofrecemos, frente al modelo «push» tan molesto y común hoy en día.

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Un año de consultoría artesana

Artesano inidio

El pasado mes de agosto se cumplió un año desde que me adherí al manifiesto de consultoría artesana de REDCA, y puedo decir que mi vida personal y profesional ha cambiado mucho desde entonces. Ahora, coincidiendo con la reflexión que suelo hacer cada fin de año, y siguiendo una tradición que iniciaron mis maestros, amigos y colegas José Miguel Bolívar y Antonio José Masiá, y antes que ellos el gran maestro artesano Julen Iturbe, quiero compartir con vosotros lo que ha supuesto para mi este primer año como consultor artesano.

Si tuviera que resumir el 2015 en una palabra me resultaría imposible. Este año ha sido de consolidación de un camino que inicié hace tiempo, cuando completé un programa de coaching que me marcó profundamente. También ha supuesto un reto enorme, pues dejé la «comodidad» de mi vida en México para volver a mi país natal después de casi una década fuera. Y por supuesto, ha sido un año de muchísimo aprendizaje a muy distintos niveles.

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Tres principios y dos pasos para el cambio

Etiqueta Conceptos

Uno de los asuntos más importantes con los que tengo que trabajar como formador es el cambio. Ayudar a los asistentes de mis talleres a convertirse en personas de alto desempeño implica necesariamente guiarlos hacia el aprendizaje de nuevos hábitos productivos. Y la cosa no es fácil si no se comprenden las reglas que intervienen en los procesos de cambio.

Mi compañero artesano Antonio José Masía sabe mucho al respecto, no en vano su blog se titula “Cambiando Creencias”, y él seguro tendría mucho que decir al respecto. Yo, modestamente, intentaré resumir en este artículo los 3 principios que he identificado a lo largo del tiempo, y los 2 sencillos pasos que se infieren de dichos principios para gestionar cualquier proceso de cambio.

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Consultoría artesana e innovación

Etiqueta Conceptos

Hace unos días me ocurrió algo bastante revelador. Me encontrada en una reunión de trabajo, compartiendo algunas ideas con mis compañeros sobre cómo enfocar nuestra relación con los clientes. Cuando se me ocurrió mencionar que yo me consideraba un consultor artesano. Las miradas que me echaron fueron dignas de Chucky, el muñeco diabólico. Me quedó claro que algo no estaba bien, y les pregunté cuál era el problema.

En resumen, lo que me vinieron a decir es que no podía ir por ahí diciendo que era consultor artesano, y menos aún a nuestros clientes. Que lo “artesano” es sinónimo de “poca calidad”, y que eso perjudicaría la imagen del equipo. Intenté explicarles a qué me refería, pero no pareció interesarles mucho.

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