Empezando a registrar mis gastos

Empezando a registrar mis gastos

Aprovechando el comienzo del último trimestre del año, y mientras reuno las piezas necesarias para reconstruir mi sistemas GTD, me he propuesto recuperar un hábito que perdí hace mucho tiempo: registrar todos mis gastos.

Por suerte, nunca he tenido problemas financieros serios. Desde niño desarrollé alergia al crédito malo (léase, compras a 12 meses “sin” intereses, o pago de tarjetas de crédito con otras tarjetas de crédito). Gracias a ello nunca me he metido en verdaderos problemas económicos. Sin embargo, siento que no estoy sacando todo el jugo que debería a lo que gano. Quizá esté gastando demasiado en placeres mundanos y demasiado poco en mi futuro. Pero, ¿cómo saberlo? Bueno, voy a averiguarlo tomando al toro por los cuernos de una vez por todas.

¿Por qué registrar todos los gastos?

Porque sin información no hay control, y sin control, estás perdido. O dicho de otra forma: necesito saber la estructura de mis gastos antes de establecer un presupuesto que no esté en los mundos de Yupi. Una vez sepa cuánto gano y a dónde va mi dinero podré meter tijera, arreglar los bajos y poner parches para que mi traje financiero del 2010 se ajuste a mis propósitos.

¿Cómo recuperar el hábito?

Si hacemos caso a los expertos en productividad personal, para que la cosa funcione tendré que ser constante durante al menos 30 días, o mejor 2 meses. Todos los días, SIN EXCEPCIÓN, registraré los gastos y los pasaré a una hoja de cálculo muy sencilla (por ahora no importa la forma que tomen los datos, sino hacerme el hábito de registrarlos).

La rutina es muy simple, más o menos así:

  1. Durante el día guardo todos los recibos de los gastos realizados en efectivo y con tarjeta, incluyendo los recibos del cajero automático. Si un gasto no ha generado un recibo, grabo una nota de voz en mi BlackBerry indicando la fecha, concepto, beneficiario e importe.
  2. Al final del día paso todos los recibos y notas de voz a la hoja de cálculo. Luego reviso por Internet los movimientos de mis cuentas bancarias para cotejar los recibos, y pasar la información de otros cargos y transferencias a la hoja de cálculo.

Por mi experiencia anterior sé que la parte más difícil será registrar los gastos en efectivo en el momento que se producen. El volcado de los datos a la hoja de cálculo no es tan crítico. Puedo reservar 5-10 minutos todas las tardes para realizar la tarea, o si la vorágine del día a día me lo impide, puedo hacerlo sólo 3-4 veces por semana. Quizá en un futuro, cuando el hábito esté bien arraigado, es posible que sólo dedique una sesión semanal al volcado… ya veremos.

¿Y después qué?

Una vez que tenga el hábito grabado a fuego en mi subconsciente y datos fiables en la mano, será hora de fijar mis objetivos y preparar un presupuesto realista. La idea es crear un presupuesto (plan) contra el que comparar la dura realidad (seguimiento), y así poder hacer los ajustes pertinentes a mis gastos y la cantidad de dinero que destino al ahorro (control).

Al final, si todo sale bien, habré recuperado la paz de espíritu, sabiendo que no gasto lo que no tengo, y que estoy formando un patrimonio sólido con el que responder cuando lo necesite.

Pero eso será después. Ahora… ¡a registrar gastos!

Artículo original escrito por Jero Sánchez. Sígueme en Twitter.

Foto por Andrew Magill (via Flickr)

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