El correo electrónico no ha muerto

Normandy American Cemetery, by Hans Splinter

Hace unas semanas pude participar en un interesante debate de Twitter sobre el uso del correo electrónico. Mi maestro y amigo José Miguel Bolívar compartía una publicación en la que Alejandro Vázquez abogaba por usar cada vez menos el correo electrónico. En particular, Alejandro decía que “Los más jóvenes no lo usan, les huele a naftalina, es ‘viejuno’, pero en el mundo de la empresa sigue siendo una herramienta frecuente, intrusiva, molesta y hasta excesiva.”

No sé, quizá yo mismo me he vuelto también algo “viejuno”, pero aunque estoy de acuerdo con la necesidad de evolucionar que defiende Alejandro, no estoy de acuerdo con que eso signifique que le tenga que llegar la hora a esta veterana tecnología. No desde un punto de vista tecnológico. Y desde luego, tampoco desde un punto de vista productivo.

Decir que el correo electrónico es una herramienta “intrusiva, molesta y hasta excesiva”, es reconocer que no se sabe utilizar correctamenteJesús Serrano nos ayuda a usar con efectividad el correo electrónico en este fantástico post, por ejemplo. Si al intentar cortar jamón destrozas las lonchas, no es porque el cuchillo se haya convertido en una herramienta obsoleta para cortar jamón, sino porque no sabes cortar jamón. Claro, puedes utilizar una loncheadora eléctrica –no sé si exista tal cosa para el jamón–, pero no es necesario si sabes utilizar bien el cuchillo. Y desde luego, que sea más fácil y rápido utilizar la loncheadora no la hace automáticamente la mejor manera de cortar jamón. Creo que se entiende.

Es verdad, se abusa mucho del correo electrónico como herramientas de comunicación y colaboración. Por ejemplo, hoy en día no tiene sentido compartir archivos mediante adjuntos a un correo, especialmente si después va a ser necesario editarlos por dos o más personas. Mantener los cambios consolidados de esta forma es una locura. Para eso existen herramientas mucho más eficientes en la nube.

Aun así, para muchas aplicaciones, el correo electrónico sigue siendo una manera muy eficiente de comunicación. Sin duda, podríamos sustituirlo utilizando otras tecnologías alternativas, más modernas, más “in”, pero eso no nos haría necesariamente más eficientes en la comunicación. Y a juzgar por lo que veo todos los días en la manera en que utilizamos las redes sociales, cualquiera que fuera nueva esa herramienta probablemente seguiría siendo “intrusiva, molesta y hasta excesiva”.

Como siempre digo, el problema no son las herramientas, sino el modo en que las utilizamos. Dejemos de pensar en adoptar nuevas tecnologías por el simple hecho de que están de moda, y aprendamos a utilizar correctamente las que ya tenemos. Desactiva las alarmas de llegada de correos y dejará de ser intrusiva y molesta; no uses el correo para todo, ni respondas correos cuando no es necesario, y dejará de ser excesiva. Redacta tus mensajes yendo al grano y procesa tu bandeja de entrada con la periodicidad adecuada, y tendrás a tu disposición una herramienta muy eficiente para la mayoría de las comunicaciones electrónicas diarias.

Prueba otras tecnologías si quieres, pero no olvides que para una gran parte de la Humanidad, la principal y casi única forma de comunicación digital disponible sigue siendo el correo electrónico, por su sencillez, robustez, madurez y ubicuidad. En muchos casos, para esas personas ya no se trata de llegar de manera eficiente, sino simplemente de llegar.

Por eso, el correo electrónico no sólo no ha muerto, sino que tardará mucho tiempo en hacerlo, si es que alguna vez lo hace. Al fin y al cabo, después de dos mil años, aún seguimos cortando el jamón con cuchillo… :)

8 comentarios

  1. Completamente de acuerdo Jero. El asunto no es si la herramienta es buena o mala, sino del uso que se le da, para qué y cómo. Todo esto es, además y en referencia al email, todavía más aplicable y evidente.

    En el mundo de la empresa comienzan a implantarse las primeras soluciones de colaboración mediante redes sociales y en mi opinión, aún queda mucho recorrido en la usabildiad. Como suele ser habitual, las empresas implantan tecnología pero se olvidan del para qué y del cómo puede ser útil al usuario. Sinceramente creo que es más un tema de imagen hacia el exterior de interés por implantar soluciones de colaboración más efectivas. Y eso garantiza el fracaso.

    Yo también creo que el email tiene su utilidad, pero también es cierto que si hubiese algo estándar, universal y de mayor valor, no tardaría es ser aceptado.

    Un abrazo

    • Tienes toda la razón, David. Todos en general, y las empresas en particular, somos demasiado rápidos a la hora de adoptar nuevas tendencias, y muy perezosos para analizar el valor real que tienen para nosotros. El “enterrar” lo antiguo en favor de lo nuevo está grabado en nuestros genes de primates. Es la razón por la que desechamos el correo tan rápidamente deslumbrados por las modas, y por lo que pensamos que nuestra productividad depende de usar la última herramienta del mercado, y no de utilizar bien las herramientas que ya tenemos.

  2. Eso es! El problema no son las herramientas, sino como las utilizamos. Yo por ejemplo tengo estos niveles según la inmediatez:
    1. Skype, Hangout
    2. Slack
    3. Herramienta interna de la empresa
    4. Email

    Se cuando tengo que utilizarlo en cada caso, y eso hace que tengan sus espacios de tiempo para no perder el norte y ser improductivo.

    Un saludo!

    • Gracias Iago. El correo electrónico se ha visto superado por otras herramientas para ciertas aplicaciones, eso es indiscutible. Pero para su aplicación principal, a saber, la comunicación asíncrona –la que no requiere inmediatez–, aún no se ha inventado nada mejor.

  3. Creo que estamos en el mismo territorio. Para nada quiero afirmar, intrépido de mi, que el correo electrónico debe morir, sino que le atribuyo cierta maldad -. Intrusivo, molesto, y excesivo- por el uso inadecuado de una herramienta que, como todas, sirve para lo que sirve. Tal vez también “viejuno” porque la frecuencia del uso creo que viene determinada por la edad, en cualquier caso sin intenciones peyorativas ( estoy en el grupo +55 años). Mi reflexión viene porque en muchas organizaciones es todavía casi el único sistema de colaboración y comunicación. Cada vez menos, pero tal vez demasiadas.
    Creo en la eficiencia de la herramienta utilizada adecuadamente, pero me parece que a veces se corta el jamón agarrando el cuchillo por el filo y presionando el corte con el mango. Así poco jamón comeremos.

  4. Pingback: La productividad en el correo electrónico | Muñozparreño

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