Dónde está el valor del trabajo en el siglo XXI

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Hace unos días leía un artículo de Andrés Pérez Ortega en el que nos plateaba si las personas, como trabajadores, podemos ser sustituidos por máquinas. El se hacía la pregunta desde un punto de vista se marca personal –si desarrollas tu marca adecuadamente, dice Andrés, disminuyes el riesgo de ser sustituido–, y claro, no pude evitar trasladar la cuestión al mundo de la efectividad personal, al menos mentalmente.

Desde luego, la eficacia y la eficiencia son habilidades que pueden hacer mucho por cualquier estrategia de marca personal. Además de darte claridad de ideas, permitirte enfocar esfuerzos hacia tus metas particulares e implementar tu estrategia de manera consistente y constante, también fomenta el hábito de la puntualidad y el cumplimiento de fechas, generalmente excediendo expectativas, lo que permite que los demás te vean como alguien confiable, serio. Así que desde ese punto de vista, la efectividad personal también puede ayudarte a que no seas sustituido por un algoritmo.

Pero la efectividad personal tiene un impacto mucho más profundo. La pregunta de Andrés me hizo reflexionar sobre cómo afecta la automatización del trabajo a los profesionales del conocimiento, algo que tiene muy preocupada a la mitad de la población laboral del mundo, que vive un tercio de su vida –por lo menos–, encerrado entre las cuatro paredes de una oficina. Y para dar con una respuesta adecuada a esta cuestión, tenemos que recordar qué es lo que hace a un trabajador del conocimiento.

Dice Peter Drucker, quien acuñó por primera vez el término, que un trabajador del conocimiento es aquel cuyo trabajo no está definido de antemano, y por tanto, no le resulta evidente determinar cuándo puede darlo por terminado. Es decir, a diferencia de un trabajador de una cadena de montaje, que tiene un manual de operación donde alguien mas ya le explica qué tiene que hacer y cómo hacerlo, una parte importante de la actividad de un trabajador del conocimiento consiste precisamente en determinar la naturaleza y el alcance de lo que debe hacer.

Si practicas GTD sabrás que, como trabajador del conocimiento, hay tres tipos de trabajo que debes llevar a cabo en distintos momentos de tu día a día: ejecutar trabajo predefinido, definir tu trabajo o hacer trabajo según surge. Un trabajador manual básicamente solo realiza trabajo predefinido –el que viene establecido en el manual de operación –, y raramente trabajo según surge. De los tres, el trabajo predefinido es el más fácilmente automatizable, especialmente si es repetitivo. Por eso, cada vez más trabajadores manuales son sustituidos por robots en las fábricas de todo el mundo.

Sin embargo, en un entorno económico donde todo cambia con tanta rapidez, las organizaciones necesitan profesionales que sean capaces de tomar decisiones de un momento para otro, ser flexibles y creativos, y hacerlo de una manera más eficaz y eficiente que la competencia. Es ahí donde entra en juego tu capacidad, como profesional del conocimiento, de definir bien tu trabajo, de manera que puedas responder a los cambios rápidamente, mantener la calidad de lo que haces, superar expectativas, proponer ideas nuevas y dar soluciones a los problemas que enfrentan las organizaciones.

Es decir, el trabajo de definir el trabajo también es trabajo, uno de altísimo valor, y siempre debe ser llevado a cabo por un ser humano. El problema es que muchos profesionales modernos están anclados en el paradigma del trabajador manual, pretendiendo que su trabajo ya está definido de antemano e ignorando que son ellos, y solo ellos, quienes tienen la responsabilidad de definirlo. Como consecuencia, no solo sufren de estrés permanente –es imposible hacer lo que no sabes que tienes que hacer– , sino que viven todo el tiempo con la amenaza de ser sustituidos, por máquinas o por otros trabajadores genéricos como ellos.

En la medida en que aprendas a definir tu propio trabajo –utilizando una metodología como GTD, por ejemplo –, y lo hagas cada vez mejor, serás percibido como alguien valioso y difícilmente reemplazable. En este sentido, un trabajador del conocimiento que se comporte como tal, no solo es muy probable que disfrute de una buena reputación y disponga de una marca personal reconocida y valiosa, sino que vivirá sin estrés y con la tranquilidad de que su talento es difícilmente replicable, y por tanto, ningún “commodity” laboral o máquina podrá sustituirlo fácilmente.

10 comentarios

  1. Muy buena reflexión Maestro ;-)

    Ya sabes que todo lo que “suene” a Drucker me engancha. Estoy muy de acuerdo contigo: la gente se prepocupa más de las consecuencias (a ver si me van a sustituir) que por la aportación (qué puedo hacer yo para que, aunque me sustituyan, pueda seguir aportando valor).

    Un abrazo

    • Ya sé lo que tengo que hacer de aquí en adelante para que comentes, David… :-p

      Fuera de bromas, muchas gracias por dejarte caer. Siempre leo tus posts sobre el trabajo del conocimiento, no tienen desperdicio.

  2. Interesante, pero discrepo de la reflexión final. En el mundo actual, el objetivo no es vivir sin estrés. En cierta medida el estrés es positivo, ayuda a mejorar y adaptarse a los cambios. El problema llega cuando no conoces los motivos de ese estrés. El objetivo es ser consciente de los compromisos que has adquirido contigo mismo y con el resto de personas.

    Todo el mundo es fácilmente reemplazable, si piensas demasiado en que no debería ser así, lo que te producirá no es estrés, sera miedo.

    • El estrés positivo al que te refieres, Ramón, es el que los psicólogos denominan “eustrés”, que efectivamente es necesario y nos ayuda a salir de nuestra zona de confort, afrontar nuevos retos y crecer como personas y profesionales. Sin embargo, cuando hablamos de estrés en el trabajo generalmente nos referimos al “distrés”, ese tipo de estrés que te paraliza, que causa todo tipo de trastornos psicosomáticos, y que tiene su origen en nuestra incapacidad a la hora de gestionar nuestro volumen de trabajo y, en general, gerstionar el cambio constante en el que estamos sumergidos todo el tiempo.

      No conozco a ningún trabajador que no busque, en primer lugar, eliminar su estrés –el malo– de su día a día. Otra cosa es que luego, ya sin estrés, el objetivo real sea otro, como alcanzar tus metas, disfrutar del camino que elijas y, en última instancia, vivir felices.

      En cuanto a la “reemplazabilidad” de los trabajadores, estoy de acuerdo en que nadie es imprescindible en este mundo. Lo que quiero dar a entender en el post es que, cuanto mejor preparado estés como trabajador del conocimiento, más improbable es que te reemplacen. Y si lo hacen, con una marca personal potente no deberías tener problema para buscarte las habichuelas en otro sitio. ;-)

  3. Jero, no puedo estar más en desacuerdo con tus reflexiones, no porque no estén bien argumentadas, sino por la idiosincrasia de las empresas tradicionales, en las que prima el.cortoplacismo y el retorno de beneficios a los accionistas e inversores. Cuando las empresas tradicionales cambien o mueran, es posible que unas nuevas organizaciones valoren en su justa medida a los buenos trabajadores del conocimiento.
    Gracias por compartir

    • El hecho de que muchos trabajadores del conocimiento son sustituibles por su falta de miras no es una opinión, es un hecho objetivo que se ha podido constatar gracias a la crisis económica de los últimos años. No lo he dicho, David, pero igual que los trabajadores “ignorantes” de este paradigma serán reemplazados poco a poco, las empresas que no entiendan el impacto de este cambio –y por tanto, no actúen en consecuencia–, también serán sustituidas por las que sí lo tengan en cuenta. ;-)

  4. Hola Jero, muy buen artículo, me ha resultado muy interesante.

    Me gusta la analogía que haces y la importancia que tiene para una marca personal cumplir tus compromisos superando las expectativas. Qué mejor manera de conseguirlo que aplicando una metodología de efectividad personal ;-)

    Totalmente de acuerdo en que definir tu trabajo tiene un altísimo valor añadido, una nueva forma de trabajar para los trabajadores del siglo XXI que por cierto, en los talleres genera mucha resistencia pero sin duda es la clave para la efectividad personal (eficacia + eficiencia).

    Abrazo y nos vemos.

    JS

    • Desde luego, Jesús, cuanto más analiza uno más se da cuenta del profundo calado que tiene una competencia como la efectividad personal en el siglo XXI. Ya sea para desarrollar una estrategia de marca personal, montar tu propio negocio o ascender en el escalafón corporativo, aprender a definir tu trabajo y gestionar tu atención son habilidades clave hoy en día.

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