De qué hablo cuando hablo de efectividad personal

Focus definition

Tenemos la gran suerte de que cada vez hay más personas interesadas en la productividad personal. Aún recuerdo cuando empecé a escribir en este blog hace ya algunos años. Aparte de unos pocos blogs en español como el de Jeroen Sangers, Alex Bergonzini, Daniel Aguayo o Montse Vila, algunos de los cuales hoy prácticamente ya no tiene actividad, uno tenía que irse a la blogosfera angloparlante para profundizar en estos temas. Hoy, el panorama es muy distinto. Estimo que deben existir cerca de cien blogs en español que tratan la productividad personal, desde uno u otro punto de vista. Y eso es bueno, muy bueno.

Sin embargo, como suele ocurrir cuando un interés explota, y muchas personas comienzan a compartir ideas sobre ello, los conceptos se empiezan a mezclar, y la terminología se desvirtúa rápidamente, empezando a utilizarse los mismos términos con significados muy distintos según el caso. Eso ha sucedido ya en nuestro área de interés, y lejos de suponer una ventaja, se ha convertido en un serio problema para todos aquellos que se acercan a este mundo por primera vez en busca de ayuda.

Es posible que algunos de vosotros, que me seguís con regularidad, haya notado un ligero cambio de terminología en las cosas que escribo y comparto en las redes sociales. En particular, desde hace ya un tiempo vengo evitando el término productividad personal, y lo he sustituido por efectividad personal. Aunque en realidad no se trata de un cambio, sino del uso de ambos términos, efectividad y productividad, pero en los contextos adecuados.

El cambio, aunque pueda parecer caprichoso, está muy meditado y tiene una razón de ser. Como nodo de la red productiva OPTIMA LAB, estoy comprometido, al igual que mis otros colegas de la red, con la innovación en los ámbitos de la eficiencia y la eficacia de las organizaciones, siempre con las personas como centro y motor del cambio. Ello nos ha obligado a replantearnos el uso que hacemos de la terminología sobre este tema, y nos ha llevado a intentar ser lo más rigurosos posible, y así evitar confusiones con lo que muchas personas entienden o creen que es la productivdad personal.

Efectivamente, el término productividad trae tantas connotaciones heredadas del fordismo, y la expresión productividad personal se ha manoseado tanto en los últimos tiempos, que se ha vuelto prácticamente inservible para nuestros propósitos. Y lo digo en serio. Cuando muchos autores confunden productividad personal con gestión del tiempo, o utilizan el paraguas de la productividad personal para hablar de asuntos tan dispares e irrelevantes para el trabajador del conocimiento como la técnica Pomodoro, la elección de TMIs —tareas más importantes—, la matriz de Eisenhower, la ley de Parkinson, y un larguísimo etcétera, algo había que hacer. Y lo hicimos.

Fruto de esta revisión, en OPTIMA LAB decidimos empezar a utilizar la expresión “efectividad personal” para referirnos a la productividad del trabajador del conocimiento, es decir, esa nueva productividad que ya no se mide exclusivamente en términos cuantitativos —eficiencia, o cantidad de trabajo realizado por unidad de tiempo—, tan típica de la era industrial y el trabajo manual, sino también y sobre todo en términos cualitativos —eficacia, o valor de los resultados obtenidos. Y decidimos usar esta expresión, no por capricho, sino porque el mismísimo padre del “trabajo del conocimiento”, el economista Peter Drucker, así lo hacía para referirse a lo mismo que nosotros, como muy bien explica mi amigo, colega y maestro José Miguel Bolívar en un post dedicado a definir la nueva productividad personal.

Entonces, ¿cuándo uso el término productividad personal? Pues casi exclusivamente cuando hablo de eficiencia, lo que incluye, entre otras cosas, la metodología GTD de David Allen, que como muchos de vosotros sabéis proporciona un enfoque fantástico a la hora de adquirir control de nuestro trabajo, pero que no hace un trabajo equivalente a la hora de tratar la perspectiva, que es al fin y al cabo lo que nos permite mejorar nuestra eficacia.

Como corolario a todo esto parece evidente que urge encontrar una forma de trabajar que nos permita, no sólo ser más productivos, sino también más efectivos. Pero eso es ya otra historia, que puede que trate en profundidad en otro post.

Foto por Chris Dlugosz vía Flickr

2 comentarios

  1. Me ha gustado la distinción que realizas Jero. Bien medita, bien planteada y, sobre todo, ¡bien realista! ;-)

    Hay que llamar a las cosas por su nombre para no confundir a las personas y organizaciones que buscan soluciones a sus problemas y necesidades.

    Queda mucho por hacer en lo que se refiere al trabajo y al profesional del conocimiento. Pero el primer paso es diferenciar que le aporta la efectividad y que le aporta la productividad. A partir de ahí, seguir trabajando, investigando y definiendo.

    Un abrazo amigo

    • Exacto, David, tú lo sabes muy bien. Apuntarse a las modas y empezar a usar términos ambiguos solo lleva a un sitio: incumplir las expectativas de aquellos que honestamente quieren mejorar los resultados que obtienen con su trabajo. Por eso, como dices, es crucial llamar a cada cosa por su nombre.

      Así que nada, seguiremos trabajando, investigando y definiendo… ;)

Deja un comentario