Consultoría artesana e innovación

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Hace unos días me ocurrió algo bastante revelador. Me encontrada en una reunión de trabajo, compartiendo algunas ideas con mis compañeros sobre cómo enfocar nuestra relación con los clientes. Cuando se me ocurrió mencionar que yo me consideraba un consultor artesano. Las miradas que me echaron fueron dignas de Chucky, el muñeco diabólico. Me quedó claro que algo no estaba bien, y les pregunté cuál era el problema.

En resumen, lo que me vinieron a decir es que no podía ir por ahí diciendo que era consultor artesano, y menos aún a nuestros clientes. Que lo “artesano” es sinónimo de “poca calidad”, y que eso perjudicaría la imagen del equipo. Intenté explicarles a qué me refería, pero no pareció interesarles mucho.

Ignoro si la reacción tuvo que ver con que se trata de un equipo de consultores tecnológicos, o a la idiosincrasia del mexicano, tradicionalmente acomplejado —sin ninguna razón en mi opinión—, y que permanentemente está luchando por demostrar al mundo que son un país moderno. O a una mezcla de ambas cosas. Pero lo que me quedó claro es que el concepto de “artesanía”, definitivamente, puede tener connotaciones muy negativas según en qué grupos te muevas. Y me da miedo que mi labor como consultor artesano y formador se vea afectado por esta idea.

Como muchos de vosotros recordará, hace un tiempo me uní a la Red de Consultoría Artesana (#REDCA), una red de consultores que compartimos una serie de valores y señas de identidad con las que pretendemos diferenciarnos —obviamente para mejor—, del consultor tradicional, comoditizado y corporativista. Entre esos valores hay tres que tradicionalmente se asocian con el trabajo artesano, y que marcan claramente esa diferencia:

  1. Nos gusta trabajar con las personas —quienes son las piezas que forman en última instancia las organizaciones—;
  2. Al mismo tiempo nos divertimos haciendo lo que hacemos, y;
  3. Colaboramos de manera abierta, sin atesorar el conocimiento.

Trabajar con personas hace que seamos más conscientes de los problemas y dificultades que aquejan a las organizaciones desde sus bases, algo fundamental para mejorar o dirigir un proceso de cambio, que es lo que finalmente se persigue con cualquier tipo de consultoría. En definitiva, nos hace más eficientes a la hora de conseguir nuestro objetivo, sea formativo o de cualquier otra naturaleza.

Por otro lado, el hecho de que nos divirtamos con lo que hacemos nos permite obtener resultados de calidad superior. A poco que cualquier haya observado cómo se desempeña en su propia actividad se habrá dado cuenta de que la pasión, compromiso y trabajo enfocado son la clave para obtener un buen resultado. Y cuanto más te guste lo que haces, más fácil resulta conseguirlo.

Finalmente, constituir comunidades de práctica, en donde se colabora y se comparte información abiertamente, es la razón por la que continuamente estamos mejorando procesos, técnicas y prácticas. La experiencia y conocimientos del grupo catapulta a cada consultor individualmente, lo que finalmente se traduce en un beneficio para nuestros clientes, en términos de mayor eficiencia y eficacia.

Teniendo en cuenta todo esto, no entiendo cómo el hecho de considerarme artesano puede ser algo malo, estar asociado a poca calidad, o bajo ninguna perspectiva perjudicar la imagen de ninguna empresa o grupo de profesionales.

Mi impresión es que las últimas décadas de industrialización y automatización de la producción ha hecho mucho daño al concepto de artesanía. Y resulta interesante observar como, a pesar de que muchas empresas no están satisfechas con los resultados que obtienen, siguen insistiendo en el modelo tradicional de consultoría, ignorando otros modelos que ya están empezando a dar resultados reales.

Me temo que, al final, el mundo corporativo no deja de ser un reflejo de la sociedad en la que vivimos: están las empresas que se mueven por inercia, en la misma dirección que va la mayoría y que, por la misma razón, sufren los problemas de la mayoría; y las empresas que perciben sus áreas de oportunidad, que tienen un deseo genuino de innovar, y que precisamente por eso son las que marcan tendencias, se diferencian del resto y finalmente consiguen resultados superiores.

La consultoría artesana es un intento de innovar dentro del mundo tradicional de la consultoría. Igual que practicar la productividad personal en general, y la metodología GTD en particular, está marcando la diferencia entre los profesionales modernos, estoy absolutamente convencido de que abrirle las puertas al modelo de consultoría artesana significará un punto de inflexión para las organizaciones que realmente quieran obtener resultados trascendentes y duraderos.

10 comentarios

  1. Me ha encantado el post, Jero. En mi experiencia, el concepto de “consultor artesano” despierta reacciones a menudo opuestas. Hay quienes perciben y valoran los detalles que has puesto de manifiesto en el post: autenticidad, compromiso, calidad, innovación… Y hay también quién asimila “artesano” a “poco profesional”. Uno de mis primeros aprendizajes profesionales fue que, hagas lo que hagas, siempre habrá gente a la que no le guste (habiendo trabajado en Logística y Recursos Humanos esto se cumple al 100%). La buena noticia es que cada vez son más los clientes que no solo valoran enormemente la consultoría artesana sino que buscan activamente consultores artesanos. La consultoría artesana es un ejemplo de una nueva forma de trabajar que reivindica desde su praxis algo que nunca se debió perder: el derecho a disfrutar con tu trabajo y de la satisfacción de un trabajo bien hecho.
    Un abrazo, maestro.

    • Muchas gracias, José Miguel. Me alegra saber que un consultor artesano como tú, que ya lleva camino recorrido, perciba ese cambio. Me da muchas esperanzas. Quiere decir que tenemos oportunidades por delante para demostrar hasta dónde puede llegar el modelo artesano.

      En cuanto a las reacciones opuestas, imagino que la consultoría artesana no es para todos, y debo aceptar el hecho. Como sucede con tantas cosas, es difícil convencer a nadie por “fuerza bruta”. Cada uno debe cambiar por sí mismo. Afortunadamente, hay algo que sí podemos hacer para facilitar el proceso de cambio de paradigma, y es poner ejemplo con quien sí quiere intentarlo. Así que, ¡a poner ejemplo!

  2. Y a tu modo de ver, ¿podría tratarse de una mera cuestión de lenguaje o existe un rechazo real a la idea detrás del concepto? Según el contexto a veces los prejuicios asociados a las palabras prevalecen sobre los valores que se esconden. Aunque bueno, supongo que ninguno de esos que te ponían cara de Chucky hubiesen puesto una cara mejor a alguien que se autodenominase consultor industrial. Si es el lenguaje el que pone problemas puede evitarse, si es el concepto, entonces ya se trata de un inconveniente de mayor calado…

    Un saludo (y por cierto, ¡feliz 2015!)

    • Totalmente de acuerdo, Iago. No descarto la posibilidad de que no supiera transmitir el mensaje. Es más, estoy seguro de que ese fue parte del problema.

      Lo que me parece muy sintomático es que nadie mostrara siquiera el más mínimo interés por entender el concepto. ¿O es que todos pensaban que mi propuesta iba encaminada a presentarnos como un equipo menos profesional?

      Quiero creer que no. Simplemente no les interesa si las cosas se pueden hacer mejor. Es decir, no les interesa innovar.

      ¡Feliz Año 2015! Y gracias por seguir pasándote por aquí… ;-)

  3. Entiendo perfectamente el concepto de Consultor Artesano pero, como bien has dicho, el mexicano vive acomplejado y yo tampoco termino de entender muy bien por qué. Esto hace un tanto difícil hacer negocios, ya que se mueven en un mundo propio. Hace un par de meses un amigo de Madrid se marchó bastante decepcionado, pues le costaba bastante entender a sus contrapartes. Yo vivo en México desde el 2001 y ya estoy bastante acostumbrado, pero para quién recién aterriza desde la “perra España” por ejemplo, que diría Pérez-Reverte, la cosa no pinta muy bien del todo. Por cierto, estoy leyendo tu libro “Productividad personal en una semana” y me ha sorprendido desde el inicio. Felicidades.

    • Muchas gracias por el comentario, Oscar, y por la felicitación. Me alegra que el libro te esté aportando valor.

      En cuanto a mi experiencia con los mexicanos, tengo que ser justo y decir que, en general, no ha sido negativa, todo lo contrario. Pero sí es verdad que a veces me cuesta entender algunas actitudes, posturas y reacciones. Se trata de algo cultural. Una vez que lo entiendes y estableces una especie de interfaz o traductor en tu cerebro, todo resulta mucho más fácil. Seguro –me consta– que los mexicanos sienten lo mismo cuando viajan a España… ;-)

  4. Mi querido Jero,

    Por un lado me preocupa que te hayas quedado con esa triste percepción de lo que te han dicho, y por otro entiendo tu postura y creo que definitivamente es una mera cuestión cultural que si bien puedo tratar de explicar también me gustaría entender a la vez.

    Por mi parte he sido parte de una gran transformación personal gracias a lo que he obtenido de la cultura española, he adaptado ciertos hábitos de productividad que he ido aprendiendo por la interpretación que de textos estadounidenses han hecho en la península ibérica.

    Este rechazo que experimentaste me ha ocurrido con mis compatriotas cuando hablo de mi miminimalismo (piensan que mi condición económica es lo que me orilla a esa circunstancia) y más allá me ocurre algo similar con la productividad y sobre todo en lo tocante a la procrastinación.

    Aquí en México se le llama Artesanía a aquellos artículos coleccionables que muestran el folklor de nuestro país y nuestras tradiciones, elaboradas de diversos materiales por las manos de los artesanos mexicanos que normalmente son generaciones ancestrales de doctos en esas materias.

    Más que otra cosa me “duele” lo de poca calidad, porque lamentablemente como ocurre casi siempre la calidad de artesanía mexicana tiene un valor incalculable para mucha gente, de hecho por algo son los extranjeros los que sorprendidos se llevan sus maletas llenas de recuerdos mexicanos que atesoran y valoran más que muchos connacionales de gran ignorancia como lo hemos podido constatar.

    Ahora bien, yo como orgulloso mexicano capté el concepto de consultoría artesana porque he seguido la evolución de la misma desde sus inicios con Jeroen, José Miguel, quienes son íconos de la productividad personal en España y para muchos de nosotros de esta parte del mundo, sin embargo difícilmente es un concepto que se pueda entender de primera instancia si no conoces el trasfondo.

    Estoy seguro que no es una cuestión específica de México, pero lo que si estoy seguro es que tiene mucho que ver con la gente con la que tratas, quienes evidentemente no están abiertos al cambio y no ven con buenos ojos los manejos simples y sencillos que buscan, sino nuevamente el mercado empresarial común.

    Pero de todo esto lo que más me brinca es ¿Con quién estás trabajando Jero? Esas personas no respetan tu esencia ni comparten tu ideología, entonces ¿Cómo puedes tú trabajar con ellos? Más allá de lo que puedas pensar de ellos, creo que el verdadero complejo radica en que te diste cuenta que no eres parte de ese triste grupo de ignorantes, con todo el respeto.

    Te mando un gran saludo y espero que recuerdes que hay gente en México que si hemos valorado y con creces lo que eres y lo que vales en esencia, vaya creo que si mal no recuerdo todo mi libro te lo dediqué a ti por haber sido el impulsor de mi cambio productivo, no puedo entender si quiera que a ti algo así te haya dado motivo para escribir este post.

    Con todo mi cariño, admiración y respeto.

    Omar Carreño

    • Como siempre, un auténtico placer recibirte esta esta tu humilde casa, Omar. :-)

      No era mi intención centrar el debate en la actitud de los mexicanos hacia ciertos conceptos, sino en el hecho de que el término “artesano” puede tener una connotación negativa, en México y, tal como José Miguel ha dejado claro, también en España.

      Para que conste en acta, respeto la cultura mexicana, yo mismo he adquirido tal nacionalidad hace poco tiempo, y reconozco sus virtudes y defectos, tanto como los de mi cultura natal. Los consultores con los que trabajo son excelentes profesionales, y al margen de que sean más o menos receptivos a ciertos conceptos, estoy seguro de que yo también podría haber hecho un mejor trabajo a la hora de explicarme.

      En fin, no hagamos sangre del asunto. El objetivo principal de este post era y es contribuir a la divulgación del concepto de “consultoría artesana”, porque honestamente creo que puede aportar mucho valor en la mejora y crecimiento de las organizaciones.

      Un fuerte abrazo. Ojalá pueda verte pronto y felicitaos a ti y Marina en persona por el nuevo integrante de la familia. :-D

  5. Hola Jero, ¡qué buena reflexión!

    Quiero pensar que el hecho de que el concepto “artesano” sea visto con malos ojos o “despreciado” es básicamente por un desconocimiento profundo. Además, la interpretación humana suele estar cargada de hipocresía: ¿qué crees que prefiere una persona (supongamos que ha “despreciado” el concepto de consultor artesano) de estas dos opciones: un sugerente, rico y sabroso plato de comida artesana, o un producto de máquina de vending?. En la mayoría de los casos, supondré que la preferencia será con la primera opción. :-)

    Creo que uno de los problemas está en las creencias de la gente y en asociar el concepto artesano a algo manual, lento o poco moderno, en lugar de a algo de calidad, trabajado y hecho por el simple hecho de hacerlo bien (como diría el propio Sennet)

    Un abrazo

    • Tienes toda la razón, David. Ello no quita que nosotros, como consultores artesanos, tenemos cierta responsabilidad en transmitir el mensaje correctamente. Es el reto que tenemos por delante, y el precio que se paga cuando se innova.

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