Cómo hacer lo que se debe hacer

Foto por: Daniel Cubillas (via http://sxc.hu)

“No es tan culpable el que desconoce un deber como el que lo acepta y lo pisa.” Concepción Arenal (1820-1893) Escritora española.

Artículo original escrito por Jero Sánchez. Sígueme en Twitter.

Son las 5 de la mañana y suena el despertador. Sabes que tienes que levantarte y marcharte al parque a correr, porque no tendrás otro momento en el día para hacerlo. Hace 15 días decidiste que tenías que perder 10 kilos en los próximos 7 meses, y hasta ahora vas bastante bien. Pero tienes sueño, estás a gusto en la cama y en el parque todavía hace frío a esta hora. La verdad, te estás planteando seriamente darte media vuelta y seguir durmiendo hasta las 7.

¿Te suena familiar esta situación? Seguro que sí. O si no, sustituye el ir a correr a las 5 de la mañana por concertar un entrevista para ir al dentista, registrar los gastos de la semana en la hoja de cálculo, ayudar a tus hijos a hacer las tareas del colegio o escribir el artículo de mañana para el blog. Sabes perfectamente que son cosas que debes hacer, pero te cuesta horrores hacerlas. ¿Por qué?

Sobre el papel, todo el mundo somos capaces de decidir lo que debemos y lo que no debemos hacer. Seguro que ir a correr todos los días, registrar los gastos y ayudar a tu hijo con las tareas están todas en tus listas de objetivos para este año. Sin duda son objetivos muy pensados y meditados, y deseas alcanzarlos de forma genuina. El problema aparece cuando llega el momento de hacerlo.

Cualquier mínima actividad que se te cruce por delante es la excusa perfecta para decirte a ti mismo: “bueno, si, lo tengo que hacer, pero (pon la excusa que prefieras); mejor lo hago luego”. Lo peor de todo es que, inmediatamente después de tomar la decisión de no hacerlo sientes un hormigueo en el estómago (¿remordimiento?), con el que de algún modo aprendes a vivir, pero que está ahí aportando su granito de estrés a tu vida. Y es que estás dejando de ser productivo, en el sentido de que estás traicionando tu misión y los objetivos que te habías marcado.

Indudablemente, la falta de hábitos bien consolidados es una de las causas de esta proscrastinación. Es difícil levantarse a las 5 de la mañana si apenas estamos cultivando el nuevo hábito. Pero la falta de hábito no es la causa principal. Incluso con un hábito bien consolidado desde hace meses es posible fallar de forma estrepitosa.

La causa principal es que no estamos acostumbrados a pensar en los resultados antes de hacer (o de no hacer) algo. Cuando llega la hora de registrar los gastos semanales debemos pensar por qué lo hacemos, cuál será el beneficio a medio y largo plazo, y compararlo con los costes de no hacerlo. Si practicamos este ejercicio honestamente, la alternativa nunca será, ni de lejos, igual de beneficiosa, a no ser que las opciones en este momento sean precisamente salir a correr o ayudar a tus hijos con las tareas ;-)

Tenemos que adquirir el hábito de detenernos siempre unos segundos y pensar fríamente antes de actuar, igual que hicimos en su día cuando nos fijamos los objetivos, y preguntarnos: ¿qué es lo que aportará esto que voy a hacer a mis objetivos? ¿En realidad es importante? A esto se le llama actuar con perspectiva.

La perspectiva nos hace tener siempre presente el motivo de las cosas que hacemos y cómo encajan en nuestro proyecto vital. Con perspectiva resulta mucho más fácil dominar nuestros impulsos y hacer lo que debemos hacer, con ilusión y sin esfuerzo.

Y a ti, ¿te cuesta trabajo hacer lo que debes hacer? ¿Intentas actuar con perspectiva?  Comparte tu experiencia vital con nosotros.

18 comentarios

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  2. A mí me funciona copiar en la agenda cada semana una lista de propósitos (deporte, idiomas) con el número de sesiones que me he fijado como objetivo y hago una cruz cada vez que salgo a correr o dedico 30 minutos a un idioma. Para la contabilidad tendré que pensar en los beneficios como dices, porque es más fácil que se pase alguna semana y luego es casi imposible reconstruir los gastos.

    • @Saber Práctico:

      Al final, el hecho de anotar tus propósitos y darles seguimiento son formas (excelentes, por cierto), de mantenerte en perspectiva. Cada vez que anotas un propósito te obligas a pensar en por qué elijes ese propósito y no otro; cada vez que pones una cruz te recuerdas la importancia de lo que estás haciendo.

  3. Justo, yo opino lo mismo. No es fácil.El truco es en visualizar el objetivo y al menor indicio de ganas de posponer, moverse y ACTUAR rápidamente sin dejar hueco para que se instale la maldita “procastrinación”.

  4. Yo también soy de esos que con buena voluntad ha intentado levantarse a las seis de la mañana para conseguir realizar un sobresfuerzo y tal como indicas he fallado de forma escandalos, por que me guiaba por la buena voluntad no por los valores de los hábitos.

    • @Bergonzini:

      Y a veces, guiarse por los hábitos tampoco es suficiente. Como digo, hay que actuar con perspectiva.

      Gracias por dejarnos ver que hasta los maestros tienen sus debilidades ;-)

  5. Saludos de un procrastinador profesional.
    Nada me funciona. Soy autónomo, jefe de mi pequeño negocio y trabajo con el ordenador. Es decir, nadie me controla y caigo una y otra vez en la procrastinación y me paso jornadas enteras de trabajo sin hacer nada más que perder el tiempo y resolver alguna tarea que surja y que sea urgente, o apagando algún incendio.
    la teoría me la sé. Me he leido 50 veces el libro del GTD, he probado 509 métodos distintos, estoy convencido de que que el método es razonable, leo un montón de artículos sobre GTD, gestión del tiempo, etc. etc…. y nada.
    Ahora mismo tendría que estar currando y lo que estoy haciendo es procrastinar. Y algo peor, escribir en un blog de alguien a quien no conozco para que me lea gente que no conozco. Me imgino que por autocomplacencia. Luego me pasaré todo el día entrando cien mil veces para ver si alguien ha contestado algo.
    Y así se pasan los días, entre pilas de trabajo que se van acumulando sin que pase nada especial. Simplemente voy perdiendo oportunidades de crecer, doy un servicio peor del que debiera sin que nada terrible pase y muchas de las tares simplemente caducan por viejas y ya está.
    Ningún consejo me vale porque ya los he leido todos mil veces. Sé que lo primero que tendría que hacer es limpiar la zona de trabajo, apagar el ordenado, revisar mi lista de acciones, etc, etc, pero no lo consigo. y si lo consigo enseguida me distraigo y se acabó.
    En fin… felicidades por el blog

    • @Sabiopelotas:

      Sin ánimo de dar consejos a nadie, y sin conocer los detalles de tu situación, yo diría que tu problema principal es que no tienes verdaderos objetivos (en el sentido de que te motiven realmente), sino un montón de “deberías”.

      Yo he pasado por ahí en más de una ocasión, y sé cómo te sientes. Me costó mucho tiempo darme cuenta del problema. Los “debería” son un lastre, y una de las causas principales de parálisis productiva. Uno no puede luchar contra sus más íntimos anhelos, haciendo cosas que se supone que debes hacer pero que no te mueven en absoluto. Yo tuve que hacer un duro trabajo de introspección para descubrir qué es lo que realmente me mueve en la vida, y hacer cambios verdaderamente drásticos (de hecho, me acabas de inspirar un artículo que voy a compartir con vosotros muy pronto).

      E proceso de reconversión de los “debería” en verdaderos objetivoss todavía continúa. Aún sigo con algunos “debería” sobre mi espalda, pero los tengo bien identificados y sé que papel juegan en el camino que me he trazado. Los he puesto en perspectiva. Y créeme, ahora las cosas son mucho más fáciles.

          • Si Jero…es por un comenterio del 2 de febrero pero ya del 2010, dirigido a Sabiopelotas…un procastinador confeso, cuya historia te recordó un artículo que te ayudó muchísimo.
            Estoy investigando sobre motivación, inclusive tengo un curso que preparé y ya tuve 1 presentación. Ahora estoy investigando sobre el perjudicial “procastinar”. Suerte.

  6. Gracias por tus consejos. Tengo muchos defectos, pero tambien algunas virtudes. Entre estas últimas: me apasiona la formación, me leo todo cuanto cae en mi mano para mejorar, discrimino la información, soy bastante autorreflexivo y conozco mis defectos..
    Lo curioso es que sí que tengo objetivos y sí que sé lo que quiero conseguir. Y aún más curioso: me gusta mi trabajo. Me encanta. Es el que yo me he procurado y el que yo he elegido. Es un trabajo envidiable en todos los sentidos. Simplemente empiezo la jornada laboral y procrastino. FIN.

  7. Hola:

    A mi me paso durante mucho tiempo. De hecho era algo traumante porque durante la epoca de la Universidad tenia una producción del triple de lo que hacia cuando empece a trabajar.

    Primero fue pensar en que era diferente, despues en cuales cosas ya no hacia, que si estudiar en más facil que trabajar, etc.

    Despues me di cuenta de que en la Universidad tenia un objetivo: obtener el grado. Al trabajo asistia solamente porque necesitaba comer.

    Ahora ya no tengo tantos problemas, pero sigo sin alcanzar el grado de satisfacción de la epoca de estudiante, pero solo es cuestión de tiempo para lograrlo.

    Saludos

    • @Hluot:

      ¡Animo! El primer paso es ser consciente del problema, y eso ya lo has conseguido :-)

      Por cierto, creo que te ayudaría mucho fijarte objetivos claros a largo plazo, que sean atractivos y motivadores, basados en tus principios (misión, visión y valores personales).

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  9. “Tenemos que adquirir el hábito de detenernos siempre unos segundos y pensar friamente antes de actuar, igual que hicimos en su día cuando nos fijamos los objetivos, y preguntarnos: ¿qué es lo que aportará esto que voy a hacer a mis objetivos? ¿En realidad es importante? A esto se le llama actuar con perspectiva.”
    ¡Que buena síntesis! Si uno se pone a pensar eso es un solo hábito.Pero debe influir mucho…

    • @Catriel:

      Efectivamente, actuar con perspectiva es un hábito fundamental, y yo diría hasta imprescindible. Sin él, cualquier método, técnica o herramienta productiva es inútil.

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