Claridad y atención, claves de la efectividad personal

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Creo que un punto de inflexión en esto de aprender a ser más efectivo en las cosas que haces se produce cuando te das cuenta de que no hay herramienta ni método que te sirva cuando llegas a la oficina a las 8:30 de la mañana y te sientas en el escritorio, solos tú y tu ordenador. No importa lo que hayas leído sobre Autofocus, la matriz de Einsenhower, el método Seinfeld… O sobre GTD®. Al final, nada de todo eso importa si no consigues entender una cosa: la atención lo es todo.

En los últimos años ha cobrado mucha difusión un término bastante rimbombante, “procrastinación”, para definir un comportamiento que todos conocemos muy bien, incluso si nunca hemos oído hablar de productividad personal. La procrastinación es esa tendencia que todos tenemos –sí, yo también– a posponer algunas cosas que, en el fondo de nosotros mismos, sabemos que deberíamos empezar a hacer ya, pero que por falta de claridad, o porque nos parecen aburridas o difíciles, decidimos no hacer en favor de otras tareas aparentemente igual de necesarias, pero definitivamente mucho menos importantes. Este fenómeno no es otra cosa que el resultado de un defecto en la capacidad de gestionar nuestra atención.

Una de las ideas clave que mis colegas de OPTIMA LAB y yo tratamos de transmitir en todos los talleres que facilitamos, es que el tiempo no se puede gestionar. Acostumbrados desde hace décadas al discurso cansino de que hay que organizarse y priorizar, los profesionales modernos hemos terminado por quedarnos ciegos ante el verdadero problema que afrontamos en la Era de la Información, o lo que Peter Drucker denominó trabajo del conocimiento: la falta de claridad –qué debemos hacer y por qué –, y la escasa capacidad que tenemos para gestionar nuestra atención, o como repite tantas veces mi colega consultor artesano José Miguel Bolívar, de “estarte a lo que estás”.

A mí me gusta mucho trabajar con analogías en los talleres que facilito, y para el asunto de la atención creo que he dado con una que me parece muy visual. La atención es como un cachorro cuando lo sacas a pasear: continuamente está husmeando, buscando nuevos estímulos, tirando de la correa en todas direcciones. El trabajo de uno es ir dirigiéndolo en la dirección correcta, corrigiéndolo siempre que se desvíe del camino. Con el paso del tiempo y, esto es muy importante, con bastante trabajo de nuestra parte, el cachorro irá entendiendo las señales, hasta que llegue el momento en que pueda pasear junto a nosotros casi sin distraerse.

De igual manera, nuestra atención sin entrenar es incapaz de enfocarse en las cosas importantes, salvo que sean novedosas, estimulantes o fáciles de hacer, algo que no ocurre con demasiada frecuencia. La parte consciente de nuestro cerebro, la que sabe que estamos procrastinando y que deberíamos estar haciendo otra cosa, somos nosotros paseando al cachorro. El cachorro, como es fácil adivinar, es como nuestra atención, que se deja llevar continuamente por los nuevos estímulos que va encontrando. ¿Y cómo conseguimos dirigir al cachorro? ¡Exacto! Con la correa, o productivamente hablando, aclarando lo que queremos conseguir a corto, medio y largo plazo, y por qué.

Tener claridad es fundamental para recuperar el foco en las cosas importantes cada vez que nuestra atención se desvía del camino. No quiere decir que con claridad nunca vas a intentar desviarte –yo lo hago continuamente–, pero detectando los momentos de procrastinación y teniendo la claridad suficiente, al menos conseguirás volverás a enfocarte rápidamente y
“estar a lo que estás” durante más tiempo.

3 comentarios

  1. Hola Jerónimo, me encantó tu analogía del cachorrito, yo lo imagino como un elefante sobre el que voy montada y al que tengo que entrenar porque es tan grande y fuerte que de otra manera hará conmigo lo que se le de la gana.

    Y a la correa de claridad que mencionas, me gustaría añadir la importancia de entrenar al cachorro poco a poco con metas “reales” porque si queremos comenzar con algo demasiado grande, es posible que nuestro animal se asuste y se quede atorado.
    ¡Saludos!

    • Gracias por tu aportación, Mónica. Tienes razón, a veces el cachorro es más un elefante, por el ímpetu que demostramos a la hora de “inventarnos” excusas para desviar nuestra atención de lo que debemos hacer. ;-)

  2. Pingback: #atención: las distracciones están en tu mente - Cambiando Creencias

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