Dos ideas para mejorar el enfoque

Mirada láserSiguiendo con el tema de priorizar en el trabajo del conocimiento, hoy me gustaría compartir contigo algunas ideas sobre por qué a veces resulta tan complicado para algunas personas hacer lo que saben que tendrían que estar haciendo, enfocándose en su lugar en cosas que podrían esperar. Vaya por delante que parto de la base de que cualquiera que se plantea mejorar su efectividad personal es una persona inteligente. Quiero decir, que sabe lo que le conviene.

En frío, la mayoría de la gente parece tener claras qué cosas debe hacer primero y qué cosas pueden esperar. Sin embargo, por alguna razón, y llegados al momento de ponerse a hacer, el comportamiento de un porcentaje significativo de personas no coincide con el de alguien que tiene claras sus prioridades.

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Libera estrés ganando claridad

Parabrisas borrosoPor desgracia, una gran cantidad de profesionales del conocimiento llevan tanto tiempo sometidos a tales niveles de estrés de su trabajo, que han llegado a la conclusión de que la responsabilidad implica necesariamente estar estresado. O se acostumbran de tal manera que ni siquiera se dan cuenta de sus efectos, asumiéndolos como algo natural e inherente a la naturaleza humana.

La gran promesa que trajo David Allen bajo el brazo cuando publicó su libro «Getting Things Done» allá por 2001, y que dio lugar a la metodología de productividad personal GTD®, era que es posible tener altos niveles de responsabilidad y, al mismo tiempo, mantener una sensación de control permanente sobre las distintas áreas de tu vida, tanto laborales como personales. Es decir, que existe una forma de gestionar todas las cosas que requieren tu atención sin sufrir estrés. Y que esa forma de gestionar las cosas no tiene nada que ver con conseguir terminar todo lo que tienes o quieres hacer.

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#CoreGTD: El hábito de reflexionar sobre tu trabajo

Mujer reflexionandoEl cuarto hábito fundamental que nos propone la metodología de productividad personal de David Allen es el hábito de reflexionar o revisar. Interiorizar este nuevo hábito es lo que te permite empezar a sacar provecho del esfuerzo invertido previamente en capturar todas las cosas que llaman tu atención, vaciar las bandejas de entrada de manera regular, aclarando el significado de cada cosa que has capturado, y organizar lo aclarado agrupándolo en categorías según su significado. En cierto modo podemos decir que, sin no hay reflexión, todo el trabajo anterior tiene poco sentido.

Pero, ¿qué es exactamente reflexionar desde el punto de vista de GTD? Reflexionar es revisar de manera regular y sistemática las distintas partes de tu sistema —especialmente las listas y el calendario—, con tres objetivos principales en mente: uno, permitirte elegir mejor qué hacer en un momento dado; dos, asegurar la fiabilidad de tu sistema, manteniéndolo completo y actualizado en todo momento; y tres, tener una visión de conjunto de todos tus compromisos y objetivos, a diferentes niveles y en las diferentes áreas, de manera que puedas tomar mejores decisiones sobre qué hacer primero y qué dejar para después, o directamente no hacer.

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El modelo de madurez de GTD

Estudiante maduroYa sea en los cursos que imparto o en charlas más o menos informarles con amigos, familia o conocidos, surge de manera recurrente la misma pregunta: ¿cuánto tiempo necesito para llegar a dominar GTD®? Y reconozco que la respuesta es complicada, o al menos requiere una gran cantidad de matices si de verdad quieres explicar adecuadamente un aspecto que resulta fundamental en el aprendizaje de esta metodología.

Como ya he explicado en alguna ocasión, la efectividad personal es un camino que, una vez comienzas, lo estás recorriendo durante toda tu vida. No existe algo que pueda considerarse la meta final de la efectividad personal. No importa cuantos años pases practicando, siempre encuentras nuevos matices, diferentes enfoques, implementaciones de tu sistema que ya no se ajustan a tu realidad y que debes modificar para seguir siendo efectivo. Por eso, en nuestros cursos oficiales siempre hablamos de «el camino de GTD®» y no de «el camino hacia GTD®». Un matiz sutil, pero relevante.

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