¿Qué es la efectividad personal?

logroDespués de tantos años escribiendo en este blog, me doy cuenta de que he tocado muchos aspectos de la efectividad personal, pero nunca he dado una definición concreta. Por ejemplo, he escrito para quién es la efectividad personal, de cómo mejorar la efectividad personal en tiempos líquidos, de la efectividad personal para niños, de la manera en que actuar rápido reduce tu efectividad personal, de cómo existen ciertas creencias limitantes que pueden impedir la mejora de tu efectividad personal, y hasta te he explicado por qué la efectividad personal no es algo personal, o al menos no tanto.

También he intentado explicar la diferencia que existe entre productividad y efectividad personal, o cuánto cuesta la efectividad, y he compartido siete cosas que aprendes con el tiempo —probablemente hay muchas más— sobre la efectividad personal.

Y hasta me he atrevido ha poner en relación algunos descubrimientos de la ciencia cognitiva con respecto a la efectividad personal, como el efecto de progreso heredado, o el principio de Laborit y la toma decisiones, o de cómo la efectividad personal te ayuda a desarrollar una intuición informada para elegir mejor qué hacer en cada momento.

Al final, he llegado a la conclusión de que la efectividad personal es, en realidad, el arte —y la ciencia— de relacionarte con tu entorno, con el objetivo de hacer el mejor uso posible de tu atención para conseguir los resultados que deseas en todos los ámbitos de tu vida. O dicho de otro modo, una manera probada de ser feliz y vivir una vida con sentido. Ahí queda eso…

Las diversas caras de la planificación

PlanificarLos que me seguís desde hace tiempo sabéis lo crítico que soy con la mala práctica de planificar tareas, en el sentido de decidir por tu cuenta con horas, días o incluso semanas de antelación, lo que vas a hacer en un día o a una hora concretos. Y para que no quepa ninguna duda, me estoy refiriendo específicamente al hábito de programar en la agenda o calendario «lo que has decidido que vas a hacer el próximo jueves», o su versión más refinada, el hábito de elegir cada día las tareas más importantes o TMIs sobre las que vas trabajar al día siguiente.

No voy a extenderme sobre las razones por las que creo que planificar en este sentido es una mala práctica, y por qué se trata de una manera subóptima de hacer las cosas en los entornos de trabajo actuales. Ya lo he hecho en otras ocasiones, por activa y por pasiva, en este mismo blog, y no quiero volverme más cansino. Sin embargo, en aras de comprender mejor el mensaje que trato de transmitir, creo que es importante aclarar que, cuando digo que planificar es una mala práctica, probablemente me estoy refiriendo a un tipo de planificación distinto al que muchas personas pueden estar pensando. El lenguaje es «ambiguo» por naturaleza y, por tanto, nos juega malas pasadas continuamente. Por eso, hoy me gustaría explorar los distintos «mapas mentales» sobre los que operan la mayoría de los profesionales del conocimiento con respecto al asunto de la planificación.

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Priorizar en el trabajo del conocimiento

Botón rojo, botón verdeUno de los conceptos más manidos dentro del mundo de la productividad personal es el de «priorizar». De tanto usarlo y abusar de él, hemos terminado asociándolo a determinadas técnicas, especialmente aquellas relacionadas con el acto de asignar números o letras a cada una de las cosas que tienes que hacer, de manera que resulte más fácil elegir lo que se supone que tienes que hacer en primer lugar. Y digo se supone porque, como seguramente ya habrás comprobado, la cosa no es tan sencilla ni funciona como el sentido común nos dice que debería funcionar.

En los tiempos que corren, asignar prioridades no es priorizar, es una absoluta pérdida de tiempo. Agrupar tareas por prioridad sería una buena solución si las prioridades permanecieran más o menos estables durante un plazo razonable. Sin embargo, en el trabajo del conocimiento, la norma es el cambio constante. Tan pronto terminas de organizar las cosas por prioridad, es probable que el siguiente «input» te obligue a reconsiderar y reorganizar todo de nuevo. Es decir, intentar priorizar como probablemente te han enseñado durante toda tu vida te obliga a hacer un trabajo extra constante de reorganización que se vuelve insostenible muy rápidamente.

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Para quién es la efectividad personal

Interrupción telefónicaTengo que reconocerlo: metodologías de productividad personal como GTD®, o de efectividad personal como OPTIMA3®, pueden resultar poco atractivas para algunas personas. Como resultado de la forma de trabajar tan distinta que tiene la inmensa mayoría de profesionales hoy en día, interiorizar la nueva manera de hacer las cosas que proponen estas metodologías supone iniciar un proceso de cambio y mejora que lleva tiempo. Al aprendizaje de los nuevos comportamientos hay que sumarle el esfuerzo adicional de tener que «desaprender» muchos hábitos poco efectivos que muchos vienen arrastrando desde hace años. Por eso, al menos en un primer momento, algunas personas sienten cierto rechazo y terminan llegando a la conclusión de que eso de la efectividad personal no es para ellas.

He hablado mucho del tema en innumerables ocasiones, así que no voy a extenderme ahora en ello. Basta con decir que, tanto a nivel personal como profesional, la realidad que nos ha tocado vivir en el siglo XXI no tiene nada que ver con la de nuestros padres y abuelos. Hoy en día las cosas cambian mucho más deprisa, nos llega información potencialmente útil y relevante constantemente, y la mayoría de las veces no resulta evidente qué es lo que hay que hacer con ella. Y no solo tenemos que aprender a gestionar este flujo constante de información, también debemos asegurarnos de tomar las decisiones correctas sobre cada cosa, dejando sin hacer aquello que puede quedarse sin hacer, y haciendo primero las cosas que aportan más valor a nuestra vida y nuestro trabajo.

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