¿Qué es la efectividad personal?

logroDespués de tantos años escribiendo en este blog, me doy cuenta de que he tocado muchos aspectos de la efectividad personal, pero nunca he dado una definición concreta. Por ejemplo, he escrito para quién es la efectividad personal, de cómo mejorar la efectividad personal en tiempos líquidos, de la efectividad personal para niños, de la manera en que actuar rápido reduce tu efectividad personal, de cómo existen ciertas creencias limitantes que pueden impedir la mejora de tu efectividad personal, y hasta te he explicado por qué la efectividad personal no es algo personal, o al menos no tanto.

También he intentado explicar la diferencia que existe entre productividad y efectividad personal, o cuánto cuesta la efectividad, y he compartido siete cosas que aprendes con el tiempo —probablemente hay muchas más— sobre la efectividad personal.

Y hasta me he atrevido a poner en relación algunos descubrimientos de la ciencia cognitiva con respecto a la efectividad personal, como el efecto de progreso heredado, o el principio de Laborit y la toma decisiones, o de cómo la efectividad personal te ayuda a desarrollar una intuición informada para elegir mejor qué hacer en cada momento.

Al final, he llegado a la conclusión de que la efectividad personal es, en realidad, el arte —y la ciencia— de relacionarte con tu entorno, con el objetivo de hacer el mejor uso posible de tu atención para conseguir los resultados que deseas en todos los ámbitos de tu vida. O dicho de otro modo, una manera probada de ser feliz y vivir una vida con sentido. Ahí queda eso…

#CoreGTD: Poniendo a punto tu sistema cada semana

escobaEn la anterior entrega de esta serie veíamos qué es la Revisión Semanal® de GTD, y por qué es importante para tu trabajo. Da igual lo bien organizado que seas, si no haces nada para remediarlo, tu sistema se irá degradando poco a poco hasta que deje de ser útil. Montar un sistema GTD y olvidarse de darle mantenimiento mediante revisiones frecuentes es la razón número uno por la que la mayoría de las personas terminan «cayéndose del carro» y abandonado su uso.

En esencia, la Revisión Semanal® de GTD consiste en reflexionar de manera estructurada y regular sobre cada parte de tu sistema con tres objetivos en mente: eliminar lo que ya no tiene sentido, añadir todo lo que falta y reenfocar tu atención en las cosas más significativas. Y para ello, decíamos, es necesario aplicar una técnica específica que veremos a continuación, que consiste en ejecutar once pasos.

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Las diversas caras de la planificación

PlanificarLos que me seguís desde hace tiempo sabéis lo crítico que soy con la mala práctica de planificar tareas, en el sentido de decidir por tu cuenta con horas, días o incluso semanas de antelación, lo que vas a hacer en un día o a una hora concretos. Y para que no quepa ninguna duda, me estoy refiriendo específicamente al hábito de programar en la agenda o calendario «lo que has decidido que vas a hacer el próximo jueves», o su versión más refinada, el hábito de elegir cada día las tareas más importantes o TMIs sobre las que vas trabajar al día siguiente.

No voy a extenderme sobre las razones por las que creo que planificar en este sentido es una mala práctica, y por qué se trata de una manera subóptima de hacer las cosas en los entornos de trabajo actuales. Ya lo he hecho en otras ocasiones, por activa y por pasiva, en este mismo blog, y no quiero volverme más cansino. Sin embargo, en aras de comprender mejor el mensaje que trato de transmitir, creo que es importante aclarar que, cuando digo que planificar es una mala práctica, probablemente me estoy refiriendo a un tipo de planificación distinto al que muchas personas pueden estar pensando. El lenguaje es «ambiguo» por naturaleza y, por tanto, nos juega malas pasadas continuamente. Por eso, hoy me gustaría explorar los distintos «mapas mentales» sobre los que operan la mayoría de los profesionales del conocimiento con respecto al asunto de la planificación.

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Registrar tiempos, la falsa productividad personal

Reloj antiguoMe sigue sorprendiendo la cantidad de «soluciones» que continúan vendiendo la idea de registrar el tiempo que se dedica a cada actividad como medida de la productividad de los profesionales. El problema es que, el hecho de dedicarle más o menos tiempo a algo no implica necesariamente mayor o menor productividad. Registrar el tiempo que le dedicas a cada cosa no te da más información que eso: cuánto tiempo estás dedicando a las cosas que decides prestarle atención.

En el trabajo del conocimiento, lo que aporta valor no es lo que haces, mucho menos el tiempo que te dedicas a hacerlo. El valor real está en los resultados que consigues cuando haces las cosas que haces. De hecho, en el trabajo del conocimiento se da la paradoja de que, a menudo, es posible conseguir más valor trabajando menos tiempo. No solo porque puedes aumentar el tiempo que le dedicas a hacer las cosas correctas —evidentemente—, sino porque puedes dejar de dedicar tiempo a muchas de las cosas correctas, cuando el tiempo extra ya no supone un aumento significativo de valor —has alcanzado lo que los anglosajones llaman el «good enough».

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