Listo para un año lleno de retos

Listo para un año lleno de retos

En los últimos días he estado casi desaparecido del blog. Entre los proyectos personales –como el próximo ebook sobre procrastinación, que publicaré en breve–, y las obligaciones laborales, apenas he tenido tiempo para todos vosotros. Pero no quería dejar que terminara el año sin antes desearos un Feliz y Próspero 2012.

Como todos los años por estas fechas, es un buen momento para aislarnos de la vorágine y la cotidianidad, hacer un poco de introspección, dedicar tiempo a los seres que más nos importan y tomar decisiones sobre lo que queremos y no queremos para el próximo año. En mi caso, ya tengo mi lista de objetivos renovada, intentado cubrir todas mis áreas de responsabilidad. Y entre ellos he incluido un objetivo muy especial, del que pronto os hablaré –en cuanto tenga “los pelos de la burra en la mano”, como suele decirse por estos lares–.

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Aplicándome mi propio cuento

Hasta el último momento he intentado cumplir mi palabra, pero finalmente he tenido que tomar una muy difícil decisión: retrasar el lanzamiento de mi primer ebook de pago. Sé que muchos de vosotros estabais esperando este día, y por eso todavía me sabe peor. Pero a veces las circunstancias mandan.

Precisamente hace un par de semanas publicaba un artículo sobre la necesidad de renegociar los compromisos para reducir el estrés. No pensaba que sería un augurio de esto. El asunto es que publicar el ebook hoy, contra viento y marea, hubiera supuesto un error en muchos sentidos, y finalmente he decidido no hacerlo.

Algunos de vosotros me dijo al principio del proyecto que publicar un libro en tan poco tiempo era muy precipitado. Yo les respondí que no. De verdad no pensaba que lo fuera. Y aún pienso que no lo hubiera sido, si no fuera por que olvidé el “pequeño” detalle de que todavía me debo a un trabajo que es el que me paga las facturas cada mes. Algunos imprevistos en la oficina supusieron un cambio radical en los tiempos disponibles para trabajar en el ebook, y trastocaron todos mis planes.

Aun así, tengo que decir en mi descargo que intenté seguir adelante, pero mi inexperiencia me hizo subestimar la cantidad de detalles importantes que hay que tener en cuenta –ademas de escribir– a la hora de publicar un libro por uno mismo. Todo ello me llevó a una situación de estrés nada saludable.

Así que, aplicándome mi propio cuento, tuve que empezar a renegociar compromisos para no “romperme” productivamente hablando. Al principio la prioridad era renegociar para poder cumplir la fecha de este proyecto. Finalmente, fue la necesidad de salvar mi propia salud metal.

Con todo el dolor que supone para alguien acostumbrado a cumplir a rajatabla sus compromisos, tengo que incumplir este, uno de los que más me emocionan. Bueno, en realidad no lo estoy incumpliendo, sino renegociando con todos vosotros. Eso sí, de manera un tanto… unilateral. Voy a trabajar duro, aunque ahora con mucha menos presión, para sacar el ebook el próximo 16 de enero.

Como siempre, de esta experiencia he sacado ya algunas buenas lecciones que espero me sean de gran ayuda en próximos proyectos de escritura. Entre ellas, que mi salud y un producto de calidad debe estar siempre por delante, aunque ello suponga la crítica de algunos.

Y es que tomar decisiones difíciles, y tener el valor de enfrentar la crítica, también forman parte de la productividad personal. :-)

Delegar no es terminar el trabajo

Delegar no es terminar el trabajo

Organizarse según el método GTD implica desarrollar una serie de hábitos. Recopilar todo lo que supone algún tipo de obligación o compromiso; procesar lo que recopilamos con la suficiente periodicidad como para que no nos explote en las manos; organizar los recordatorios de lo que tenemos que hacer de la manera más efectiva posible; tomar la mejor opción posible cada vez que tenemos que decidir qué es lo siguiente que vamos a hacer.

Junto con estos hábitos, que podemos llamar “principales”, existen otros hábitos secundarios que complementan y soportan a los principales. Por ejemplo, hacer las tareas rápidas –las famosas tareas de menos de 2 minutos– inmediatamente, con lo que evitamos perder tiempo en gestionarla. O delegar todas las tareas que podamos si es que hay alguien que se puede encargar de ello mejor que nosotros.

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Renegocia tus compromisos y deshazte del estrés

Renegocia tus compromisos y deshazte del estrés

La esencia de GTD es trabajar sin estrés. Paradójicamente, muchos de los que practican este método se quejan de que intentar mantener las listas al día y, sobretodo, el hecho de observar cómo las próximas acciones van aumentando cada vez más, les genera mucho más estrés del que tenían anteriormente.

En alguna ocasión ya he hablado sobre lo importante que es saber utilizar la lista “Algún día/Quizá” para aparcar las próximas acciones que no vamos a querer o poder atender próximamente. No se trata de olvidarnos de ellas, sino de posponer voluntaria y justificadamente su ejecución. Esto es muy sencillo para asuntos sobre los que tenemos el control, como por ejemplo llevar el coche al taller. Pero no resulta tan fácil cuando se trata de la fecha límite de un proyecto, o un compromiso con tu jefe.

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